Un Río de Fuego que procedía…

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

“Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas: y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego, sus ruedas fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él…” (Dan. 7:9-10)

Meditando en lo que en estos tiempos el Señor me ha movido para escribir sobre la violencia espiritual, y a consecuencia de ellos hacer la CONVOCACION que aquí reimprimimos, en un rapto de entendimiento vino a mi mente la visión del río de fuego que vió Daniel proceder de delante del Eterno. Conecté la visión con la visión de Isaías quien, “con un carbón encendido, tomado del altar”, le fué “quitada su culpa, y limpio su pecado” (Isa. 6:1-7), y pude ver la maravillosa realidad y conexión que estas visiones tienen con la Iglesia del Señor.

En el Antiguo Testamento vemos ese fuego operando en diversas ocaciones. De las más mencionadas es en la zarza donde Dios habló a Moisés. También en Sinaí, cuando el Señor dió por Moisés la Ley a Israel. Cuando Elías retó a los profetas de Baal, y el fuego del cielo consumió el holocausto y el mismo altar. Cuando el Señor le apareció a Manoa, padre de Sansón diciéndole que su mujer iba a tener un hijo, y luego desapareció en una flama, etc.

Pero en el tiempo antiguo las manifestaciones del Fuego de Dios operaron en individuos escogidos y en lugares particulares de la purificación del pecado de Isaías. Más llegando el tiempo establecido por el Eterno, el río de fuego que brota de delante de Su Trono se convirtió en un río que inundó toda la tierra. Un río que descendió sobre los primeros cristianos en aquel memorable día del Pentecostés “en lenguas… como de fuego”, que a continuación se extendió por el mundo, y que después de 20 siglos ha estado “quemando” hasta hoy.

Joel Profeta anunció que ese fuego del Espíritu Santo, Dios lo derramaría en toda carne, ya no solamente en forma individual. De ello somos testigos multitudes hoy, habiéndo sido participantes de la recepción de ese fuego divino. Fuego celestial que, siendo genuino y verdadero, mueve a los hijos de Dios para dar los frutos propios del Espíritu Santo. Fuego que quita la timidez y la cobardía, y que mueve a los creyentes para amar al Señor con Intensidad y también para amarse unos a los otros. Fuego que quema “la basura”, en aquél que lo recibe.

Que nos “inunde” el Señor en este río de fuego, es la petición principal que tenemos hoy delante de Dios, pues a consecuencia de ello vamos a ver también “que sanidades y milagros, y prodigios” serán hechas en el Nombre de JESÚS, el Señor.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39 No. 16- Octubre 2009. Págs 7,11).

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