Tan pequeño es el Número

(Por Pastor Efraim Valverde)

Al observar, y ciertamente con profundo dolor, qué tan pequeño es el número de los Cristianos que valorizan en realidad lo que Dios nos ha dado, no puedo menos que seguir insistiendo sobre el tema. Para algunos mi insistencia no es de origen humano sino Divino. Es Dios mismo quien insiste en esa valorización desde el principio hasta el fin del Libro Santo; y ello no solamente como sugerencia, mas como una orden imperativa.

Si al pueblo de Israel, a quien le fueron dados todos los mandamientos y preceptos del Primer Pacto que no pueden dar la perfecta salvación que da la Gracia, se les ordena enfáticamente que aprecien, ¿Qué podremos decir hoy de los que sin tener antes parte con el pueblo de Dios, ahora por misericordia y solamente por la fe en el Señor Jesús, somos hijos del Altísimo? ¿Será correcto el que pensemos que somos menos deudores que Israel? ¡Nunca! Más aquí está precisamente la oportunidad que el Señor nos presenta para que le probemos a él una cosa o la otra. Pues es en el caminar de esta vida donde nosotros, como Cristianos ahora, podemos decidir con nuestras palabras y nuestras acciones si estamos en el número de los que aprecian lo que Dios nos ha dado, o de lo que dicen solo de labios. Nos conviene recordar, por cierto, que los primeros somos pocos y los últimos una gran mayoría.

 Sigo insistiendo por lo tanto que no puede haber privilegio mas grande que el haber sido escogidos de Dios para recibir revelación en las verdades de Su Palabra. Empezando con lo básico: el entender que Dios Uno, y el haber invocado “el Nombre que es sobre todo nombre” en el bautismo para la remisión de nuestros pecados; ello es un tesoro incomparable. El entender el misterio de la Iglesia (Léase Efe. 3:9,10), y el misterio de Israel (Rom.11:25), nos hace poseedores de la suprema sabiduría Divina.

Además de las revelaciones citadas, y las otras muchas más que hemos recibido del Señor en su Palabra, está el privilegio no menos supremo de saber cuál es el sentir con que Dios quiere que sirvamos. Pues para eso precisamente nos ha ungido con el glorioso don de su Espíritu Santo. El poder ahora amar a todos nuestros hermanos sin excepción de denominaciones, lenguas y colores, sabiendo que la Iglesia del Señor es solamente una, es un privilegio que no tiene precio. Pues el estar libres con esta libertad con que el Señor nos ha hecho libres” no es algo común. Somos muy pocos relativamente los que hoy estamos siendo participantes de esa actitud vital.

Insisto que al decir estas cosas no lo habo porque me lo imagino, o porque alguien me lo ha platicado solamente. Lo digo con convicción y con firmeza porque el Señor ha permitido que me conste; y esto no solamente en un grupo, o en una región o país, o en un idioma, sino alrededor del mundo. Pues bendigo a mi dios que así me ha puesto en contacto con su pueblo, para que me de cuenta personalmente de la realidad y pueda prevenir a mis hermanos y a mis compañeros en el ministerio. A unos para ser confirmados en lo que ya entienden y están hoy viviendo, y a otros para advertirles el peligro en que están hoy cayendo al no apreciar que tanto vale esto que Dios nos ha dado.

El grado de aprecio que hubiere en el corazón de cada uno de nosotros, lo conoce Dios aún mejor que nosotros mismos. El sabe también perfectamente, como ya lo menciono al principio, todas nuestras limitaciones, en todos sentidos. El puede también cambiar radicalmente el rumbo en todo y darnos todo lo que hoy no tenemos, pero ¿y si no lo hace? ¿Vamos a sentarnos a llorar como niños perdidos? ¡Nunca! Pues podemos entender que esta es precisamente una de las formas en que el Señor está probando nuestra fe y nuestra determinación para serle fieles. ¡Bástate mi Gracia!, nos dice también hoy, a tí y a mí.

Lo descrito ha sido la voluntad de mi Dios en mí ya por una vida, y sabe él que estoy determinado a salir a la orilla como fuere su voluntad. Seguro que tengo derecho de pedirle que nos dé todo lo que necesitamos, y lo estoy haciendo hasta este día, pero su voluntad es hecha en el cielo y en la tierra. Nuestra parte es apreciar hoy QUE TANTO VALE LO QUE DIOS NOS HA DADO.

Pastor Efraim Valverde Sr

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