“Señor, Ten compasión de Tí (Parte 2 de 2)

(Ecrito por Pastor Efraim Valverde Sr)

Los Apóstoles Aprendieron la Lección 

Por los relatos del libro “Los Hechos de los Apóstoles”, y por los escritos que por Inspiración del Espíritu Santo estos santos hombres de Dios nos dejaron, entendemos que estos aprendieron la lección que el Señor les enseñó. Pues revestidos del poder de lo alto, sus vidas fueron transformadas a tal grado que no solamente estuvieron dispuestos a sufrir afrentas por el Nombre, más aún a derramar su sangre y dar sus vidas por amor de aquel que la había dado antes por ellos. De Pedro y Juan se nos dice que “después de azotados… partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre” (Hch. 5:40-41)

Del Apóstol Pablo y su compañero, Silas, se nos dice que “después de que los hubieren herido con muchos azotes, los hecharon… en la cárcel de más adentro, y les apretó los pies en el cepo. Mas a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos oían” (Hechos. 16:23-25). A todo lo largo del Libro Santo, tanto entre el pueblo de Israel como entre los integrantes de la Iglesia vemos a los héroes y heroínas de la Biblia imitando el ejemplo de nuestro Dechado Supremo: Jesucristo el Señor. Unos por visiones y revelaciones antes de Su primera venida, y otros después. Unos habiendo sido testigos del sacrificio, nosotros teniendo perfecto conocimiento de ello por la Palabra que “ha sido confirmada hasta nosotros por los que la oyeron” (Heb. 2:3).

Pues ahora sabemos que El, “siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios (porque era el mismo Dios manifestado en carne  1 Tim 3:16), sin embargo se anonadó a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8). Si mi Señor hubiera aceptado las palabras de compasión de parte de Satanás en los labios de Pedro, ¿De dónde estaríamos hoy nosotros?

En el transcurso de los siglos de la vida de la iglesia, nos dá razón la historia que han sido millones y millones de mártires cristianos quienes “mo han amado sus vidas hasta la muerte” (Apoc. 12:11), y hoy mismo hay quienes en diferentes partes del mundo están haciendo eso mismo. Hermanos nuestros en la preciosa fe del Señor, de algunos de los cuales nosotros tenemos razón, pero de otros muchos que nosotros no conocemos. Hombres y mujeres de Dios quienes al igual que nosotros, oyeron un día la misma advertencia: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame” (Luc. 9:23), y la han tomado en serio. Cuando les ha llegado la voz que les dice: !Ten compasión de tí! han aprendido por el Señor a discernir si esa voz es positiva y negativa. Y entendiendo lo correcto, he visto con gozo que tampoco se tienen lástima cuando se trata de cumplir con lo que les manda el Señor.

Controlados por Nuestros Sentimientos 

Nadie, absolutamente nadie (y allí estamos incluidos queramos o no los servidores del Señor), puede evitar el hecho de ser controlados por sus sentimientos, ahora fuere para bien, o para mal. Esta realidad aplica a todo humano, desde el más altamente intelectual hasta el más retrasado mental, y la única manera de evitarlo es estando muertos. Los mismos animales en diferentes grados, vemos que son controlados y movidos por sus sentimientos. El perro y el gato se acercan a quien sienten que les aman.

La misma vida en su totalidad es un cúmulo de sentimientos entrelazados por unos con los otros, el grado que no existe un solo ser humano quien pueda entender en una forma profunda y completa la magnitud de sus propios sentimientos. Estos nos hacen felices y dichosos cuando son favorables, y en cambio pueden convertir nuestras vidas en un infierno cuando son negativos y desfavorables. Nosotros, los hijos de Dios, mientras vivamos en esta humanidad tenemos que hacerle frente a esta realidad. Con los sentimientos buenos y nobles ciertamente no tenemos problema, pero gústenos o no, allí están tambien los negativos. Por eso el Sabio Apóstol Santiago dijo que “Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros” (Sant. 5:17) Así que consciente de esto, ya por muchos años he exortado a los hijos de Dios a que no se dejen llevar solamente por sus sentimientos. Pues el que hace tal cosa le acontece lo que al termómetro: Cuando hace calor su temperatura está arriba, y cuando hace frío ésta anda abajo. Y el actuar así es una de las cosas más comunes entre nuestros medios cristianos, y por cierto una de las causas mayores (por no decir que es más bien la principal) que origina el mayor número de problemas entre nosotros. Y si alguien conoce muy bien esto, es Satanás.

El cristiano o ministro que camina por “lo que siente”, está sentenciándose a sí mismo a vivir una vida miserable y de derrota. El Patriarca Job no dijo: “yo siento”, pues lo que sentía era una horrible comezón, aflicción, dolor y angustia. En cambio pudo decir. “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). Pablo, el sufrido apóstol de los Gentiles, en medio de todas las persecuciones y demás tribulaciones no dijo, yo siento. Dijo”Porque yo sé a quién he creído” (2 Tim. 1:12)

La perfecta voluntad del Señor es que sus hijos (y más particularmente Sus ministros) afirmemos nuestras mentes en lo que sabemos por medio de Su Palabra. Que no nos dejemos llevar fácilmente por lo que sentimos, pues por hacer esto muchos han sido arrastrados (a veces aún sin darse cuenta) hacia los desvíos carnales o espirituales. A esto precisamente se rfiere Pablo cuando nos dice que: “no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza” (2 Tim 1:7). El que camina por “lo que siente”, es “semejante a la onda del mar” (Sant. 1:16). Las palabras de compasión apelan naturalmente a los sentimientos, y vienen de diferentes fuentes cariñosas. Pero por lo regular vienen de una manera más especial de una madre o de una esposa. A lo largo del camino he conocido a muchos ministros a quienes aquella dulce voz femenina que ha hablado a su oído, los ha convencido para que se tengan compasión y lástima y así se detengan para no hacer algo en el servicio del Señor que implique alguna forma de sacrificio. Durante las persecuciones de “la Santa Inquisición”, escondidos en una cueva un grupo de creyentes tuvo necesidad de que alguien saliera a una misión que implicara el peligro de que lo mataran. El Pastor pidió un voluntario y ningún adulto se ofreció sino un niño de diez años de edad. Su madre se avalanzó hacia él llorando, rogándole que no fuera. El muchacho contestó: Madre mía, no puedo dejar que tu compasión me quite la bendición de poner mi vida por Aquel quien ya la dió antes por mí, El joven nunca regresó.

Vienen pronto días de prueba para muchos

Pregunta Dios por el Profeta: “Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿Cómo contenderás con los de a caballo? Y si en la tierra de paz estabas quito, ¿Cómo harás en la hinchazón del Jordán?” (Jer. 12:5). Si en el tiempo en que estamos viviendo en estos lugares, con cosas menores logra Satanás convencer hoy a muchos miembros y ministros para que se tengan compasión y lástima, con mayor facilidad lo va a poder hacer cuando lleguen aquí los días de persecución, martirio y muerte. Cualquiera puede darse cuenta hoy de que la mayoría de los “grandes” problemas que prevalecen hoy entre el ministerio en nuestros medios, son de carácter sentimental. Por eso el Espíritu Santo nos habla por medio de Santiago, el apóstol, diciendo: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloríes  ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”. (Sant. 3:14-16)

Aquellos hombres de Dios Aprendieron del Señor a no dejarse engañar por el sutil espíritu de la compasión. Aprendieron a levantarse sobre sus sentimientos humanos y a reconocer la voz de Satanás, y a caminar no por lo que sentían, mas por lo que sabían. Ciertamente que en estos días en que estamos viviendo son multitudes los ministros que “saben muy bien” lo que aquí he explicado. No ignoran en lo absoluto el sacrificio del Señor y las vidas de sufrimiento y martirio de los apóstoles. Inclusive he oído a muchos de ellos predicar con tremendo fervor sobre este tema. Pero son pocos los que en el transcurso de mi vida en el servicio del Señor  he visto que pongan por obra lo que predican. Pues mas particularmente en los tiempos que a nosotros nos ha tocado vivir , es relativamente fácil predicar sobre las verdades divinas y no vigilar. Porque es tan común el actuar así, y tan alto el porcentaje de los que lo hacen, que mas bien que mas bien los raros hoy son aquellos ministros (o miembros) que están de acuerdo en no tenerse compasión, al grado de estar viviendo con muchos sacrificios.

En más de medio siglo que tengo caminando en el Señor, he sido testigo muchas veces de las expresiones negativas de desprecio y aún de burla, de los que “duermen en camas de marfil” hacia los “tontos” que se están sacrificando. Y mayormente cuando estos “tontos” tienen la oportunidad de vivir cómoda y holgadamente y no la aprovechan, prefiriendo no tenerse compasión a sí mismos, y muchas veces ni aún de su propia familia, y seguir sacrificándose. Urías Eteo es un ejemplo perfecto de lo explicado (2da Sam. 11:11). Y por mi parte,  consiente que mi Dios sabe que no miento, digo que por una larga vida ya, me he esforzado siempre en vivir lo que enseño y predico,  y de ello son testigos hasta hoy los miles de hermanos e hijos en la fe a quienes he servido. Ahora por lo que toca a este mensaje,  sé que va a caer en una mayor parte en oídos sordos .  Pero lo he escrito confiando en que cieramente “ninguno de los impíos entenderá; pero entenderán los entendidos”. (Dan 12:10)

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39 No. 10 – Abril 2008. Págs 14 y 15)

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