¿Quién es Dios?

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

GRANDE ES EL MISTERIO DE LA PIEDAD

Hasta hoy, después  de casi veinte siglos la grande mayoría del cristianismo, leyendo la respuesta de Pedro sin tener la revelación Divina correspondiente, acepta en ella la interpretación completa para describir la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Multitudes de confesantes cristianos, sin ver su profundidad, aceptan la aparentemente sencilla respuesta del apóstol como la solución definitiva del Misterio Supremo. Mas la respuesta no es tan sencilla como a la simple vista parece, pues tras ella está escondido el misterio mas grande en la Biblia.

Este misterio hoy, después de cerca de dos mil años, sigue siéndolo para multitudes de profesantes cristianos. Mas la realidad innegable es que desde los meros principios del cristianismo, tanto en Pedro como a todos sus demás compañeros en el apostolado, y en lo general a todos los miembros de la Iglesia primitiva, les fue revelado en su plenitud el tremendo misterio de que el mismo Dios, en Su cuerpo visible de gloria (Col. 1:15, He. 1:3) “ha sido manifestado en carne”

(1 Ti. 3:16). Pues la maravillosa verdad es que el Señor Jesús no es solamente “el Hijo” (o “la Segunda Persona de la Santísima Trinidad”), como cree hasta hoy la grande mayoría del cristianismo. El Libro de los Hechos de los Apóstoles, las epístolas apostólicas, y el mismo libro del Apocalipsis, nos da razón que los cristianos de la iglesia primitiva entendieron que el Señor Jesús es “Emmanuel… Dios con nosotros” (Mt. 1:23). Entendieron que Aquel “niño (que) nos es nacido”, no es solamente el “ Hijo (que) nos es dado”. Sino el mismo “Padre Eterno” (Isaías 9:6).

Pedro mismo, a su debido tiempo fue inspirado por el Espíritu Santo para referirse al Señor Jesús no solamente como “El Cristo, El Hijo del Dios Viviente” mas aun como “nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:1). Tomás postrado, reconociéndole y adorándole, le dijo: !”Señor mio y Dios mio”! (Juan 20:28). Pablo se refiere a nuestro señor Jesucristo diciendo: “Y sin contradicción grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne” (1 Ti. 3:16). Y él mismo, en su carta a Tito, se refiere al Señor como el “Gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2:13). Y Juan dice “Y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Juan 5:20)

El misterio de LA DIVINIDAD es el más “grande”, maravilloso y supremo entre todos los misterios bíblicos, Sobre el pudiéremos escribir llenando hoja tras hoja, y no alcanzaríamos nunca su profundidad. En esta ocasión he descrito ya en breve algunos razonamientos al respecto, pero a la vez lo estoy usando como un poderoso ejemplo para probar el hecho antes enfatizado de que para entender “los misterios del reino de los cielos” (Mt. 13:11), tiene invariablemente que haber un grado de revelación de parte de “el Padre” (el Espíritu Eterno)

Pues la innegable realidad es que todo lo que tuviéremos de conocer y entender de parte de “nuestro Dios y SalvadorJesucristo”, de Sus verdades y Su voluntad, tiene que venirnos por revelación Divina. Continúo, pues, enumerando otros de los misterios mayores de los que se nos habla en la Palabra de Dios. Y digo “mayores”, porque los misterios bíblicos varían en prominencia. De los mayores depende la salvación  misma del presunto creyente en el Señor JESÚS, y el ignorarlos o no entender su verdadero significado puede acarrearle a éste, daño espiritual y aun juicio. En cambio hay otros muchos que pueden ser aun muy interesantes, pero que el ignorarlos o no entenderlos no afecta la vida espiritual del creyente.

LA HUMANIDAD DEL SEÑOR:

De este MISTERIO es muy muy poco lo que se entiende o se habla entre el cristianismo. Pues el niño Jesús, quien fue concebido por la operación divina del Espíritu Santo, se da por hecho que fue originado en el óvulo producido por los ovarios de la virgen María. Tal cosa nunca pudiera ser posible, porque en semejante caso el cuerpo humano del Señor Jesús  hubiera sido mitad divino y mitad pecador, necesitando Él mismo de la salvación de Dios,  y a nosotros nunca nos hubiera podido salvar. Mas la célula originadora de Su humanidad (con las 46 respectivas cromosomas originadoras de todo ser humano) no vino como todos nosotros, de la simiente contaminada de pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, sino directamente de parte del Espíritu Eterno, el Padre. Pues esta dicho: “Porque tal pontífice nos convenía, santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (He. 7:26).

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