¿Qué es la Marca 666?

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

Para poder entender cuál es la marca de la bestia, es lógico que primero hay que saber quién o qué es la bestia. Así que habiendo hecho una explicación breve ya de ello, ahora entremos de lleno a la pregunta inicial, empezando por fijarnos qué es lo que significa el número 6 repetido tres veces. Al escribirlos sobrepuestos por sus respectivos valores, encontramos que forman una pirámide, que de acuerdo con cualquier libro de texto de los estudiantes de leyes, describe que esa es la forma invariable de gobierno de autoridad de hombre, donde obligadamente los muchos están en la base de la pirámide la que a medida que va creciendo, se va agudizando hasta llegar a la cúspide donde un solo hombre “grande” ejerce potestad y se enseñorea sobre los demás (Léase Mateo 20:25).

Inclusive, tengamos en mente que el número 7 es el número perfecto, y por tanto, es el símbolo de la presencia de Dios. El 6 está automáticamente a causa de su valor debajo del 7. En los Salmos se nos dice que el hombre fue hecho un “poco menor que los ángeles” (Salmo 8:5). El 6 se presenta repetido para hacernos entender que el hombre –pues es el número de hombre” – (Ap. 13:18) no puede gobernarse sino únicamente en la forma de una pirámide. En cambio Dios no necesita esa estructura de gobierno para gobernar, y a la vez en forma enfática prohíbe que Su Iglesia use esa forma de autoridad de hombres, señalando a la vez que Su Iglesia es un cuerpo (el Cuerpo de Cristo) y que no puede ser una estructura de organización político-religiosa. Pues es por medio de estas estructuras político-religiosas, por  medio de las cuales el hombre controla las demás mentes, y así reemplaza a “la mente de Cristo” que es la que imperativamente debe de haber en- y de guiar – a cada uno de los verdaderos cristianos seguidores del Señor (Léase Mateo 20:25, 1 Pedro 5:1-3:3, Juan 9, Romanos 12:5 y 1 Corintios 2:16).

En resumen, la marca de la bestia es LA INFLUENCIA DEL SISTEMA en las mentes donde no está “la mente de Cristo”, y así el “dios de este siglo” (o sea de este sistema), Lucifer, controla los entendimientos a resultado de lo cual, se hace manifiesto quiénes son los hijos de Dios y los hijos del diablo (1 Juan 3:10; léase todo el capítulo y también 2 Corintios 4:4). Las Escrituras citadas nos hacen muy clara y sencilla la explicación de las cosas, inclusive nos declara quién es la Imagen de Dios, y nos presenta con ello la alternativa para que el que entiende las cosas se examine, y vea cuál imagen está en realidad adorando: La Imagen de Dios que es Cristo mismo, o la imagen de la bestia que es a resumidas cuentas el “príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2): el mismo Satanás.

Pues de acuerdo con la profecía él es “el hijo de perdición” (2 Ts. 2:3-4),  o sea, el mismo anticristo quien “haciéndose parecer como Dios”, se ha sentado en el “templo de Dios”, que es la Iglesia de profesantes cristianos en todas las edades y en todos los lugares, haciendo que se desprecien, se odien, se maldigan, se condenen y aún se maten unos a otros, y todo en “el nombre de Cristo”, pero no del verdadero, sino del cristo impostor que es precisamente el anticristo. Sus instrumentos ciertamente han sido y son muchos, pero él no es un hombre, es el personaje caído que habiendo sido echado de la presencia de Dios en el tercer cielo, se le ha dado poder para que encabece el sistema en este primer cielo, y esto con el propósito ya señalado anteriormente, de que pruebe a los moradores de la Tierra para que se conozca quiénes son los verdaderos hijos de Dios.

Mi querido hermano lector: mira y considera que la terrible marca de la bestia no es una fantasía que habrá de venir en un tiempo ilusorio, sino una espantosa realidad que ha estado y está hasta el día  presente. Recuerda que no es un sello literal ni tiene que ver con el estómago. Es una advertencia simbólica espiritual que tiene que ver nada menos que con la salvación o la perdición de tu alma.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39  No. 3 –  Julio 2006. Págs. 17 y 19)

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