Examinación

Puedo decir que casi todos nos miramos diariamente en algún espejo cuando menos cinco, seis veces o aún más en el curso del mismo día. Como resultado de cada examinación delante del espejo, hacemos cambios mayores o menores de acuerdo con lo que viéremos. Al haber alguien más allí cerca es posible que mire algo que nosotros no habíamos visto y nos lo hará saber. Hay tres clases de examinaciones a las que debemos de estar dispuestos a sujetarnos: a la propia, a la de otros, y a la examinación del Señor.

“Él es la Roca, cuya obra es perfecta” (Dt. 32:4). ¿De quién más puede ser dicha esta declaración? ¿Quién es Inmutable, Inmovible, y cuyas obras se puedan declarar perfectas? Ciertamente que, no hay otro más que “la Roca”. Él no hace errores porque Él es la perfección.“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48; Heb. 7:26).

Si nosotros supiéramos que todas nuestras acciones y nuestras obras fueran perfectas, no habría razón ni necesidad para examinarnos. Todos estamos de acuerdo que Dios, siendo perfecto en Sus obras, no tiene ninguna necesidad de examinar lo que hace. Dios a veces hace lo que nosotros no esperamos que haga, pero por Su Palabra nos enseña qué es lo que quiere que nosotros hagamos.

En Génesis capítulo primero, miramos el proceso de acción: y “vio” (examinación). Este proceso de examinación se repite seis veces, en los versos 4, 10, 12, 18, 21 y 25 (lo que hace esto más increíble es que el Señor no es como nosotros que no planificamos nuestras acciones y actuamos sin pensar. Conocemos que Él es el Gran Planificador, todo lo que Él ha hecho, lo que hace y lo que va a hacer fue planeado antes de la fundación del mundo. El plano de la creación estuvo perfecto. La creación no fue una inspiración de un momento, fue parte de Su gran plan para nosotros. Aun así examina sus propias obras). Dios primero accionó en la forma de la creación, luego “vio” o examinó Su acción creadora. Esto no lo hizo solamente una vez sino cada vez durante todo el proceso examinado, específicamente cada operación particular fue perfecta. Así que no es de extrañarnos que cada vez que “vio”, Su obra era buena. En el verso 31, Dios hizo una revisión de lo que había ya examinado. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que todo era muy bueno”. No solamente bueno, sino “muy bueno”.

Examinación propia

Si “la Roca”, que es Perfecta, examinó Sus acciones ¿qué es lo que nosotros debemos de hacer? Cuando nosotros examinamos nuestras acciones, las probamos para saber si están correctas a la luz de la Palabra de Dios. “Examinaos a vosotros mismos si estáis en fe; probaos a vosotros mismos” (2 Co. 13:5). Examinémonos, pues, a nosotros mismos, para saber si estamos en verdad caminando como sabemos que nos conviene, basados en la Palabra de Dios. No podemos experimentar “cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2), sin examinarnos.

No solamente debemos de examinar nuestras acciones sino también la falta de acción. El primer paso para cambiar es el reconocer: ¿Estoy buscando al Señor? Y si lo estoy buscando, ¿lo estoy haciendo con todo el corazón? (Jer. 29:13) ¿Amo al Señor de todo corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas? (Mar. 12:30) ¿Demuestran mis acciones confianza en el Señor? ¿Respondo a Su Palabra y cómo reacciono al oírla? ¿Tengo libertad para adorar al Señor? La examinación propia puede extenderse a todas las fases de nuestra vida, desde nuestro caminar espiritual hasta nuestra vida diaria. Cuando empezamos a ver qué tanto es lo que necesitamos cambiar, esta realización debe hacernos caer de rodillas y movernos hacia Aquel quien puede ayudarnos para ser más como Él.

“Y no os conforméis a este sigo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2). O somos conformistas o somos transformados. Yo creo que, como fieles hijos de Dios, todos deseamos ser transformados. El conformismo nos gana cuando dejamos de examinarnos a nosotros mismos, y estando así ya no hay lugar para que haya un cambio positivo. Una de las formas para que la transformación ocurra es por medio del proceso de renovación de nuestras mentes. Renovación es un proceso de continua acción hacia un cambio completo para lo mejor, que es la transformación.

Mas insisto en que, para empezar a cambiar para lo mejor, necesitamos examinarnos, y así principia la renovación de nuestra mente. El espejo para examinarnos es la Palabra de Dios. Cuando esto hacemos, entonces empezamos a ver las cosas diferentes y también a actuar diferente. Al examinarnos, con la ayuda del Señor, empezamos a trabajar para corregir lo que ahora vemos que estaba mal, “examinándolo todo; reteniendo lo bueno” (1 Tes. 5:21).

Durante o después del proceso de examinarnos a nosotros mismos, debemos ser movidos como David para decir: “Consideré mis caminos, y torné mis pies a Tus testimonios. Apresuréme y no me retardé en guardar Tus mandamientos” (Sal. 119:59-60). Al sentirnos culpables después de haber visto lo incorrecto de nuestros caminos, debemos inmediatamente de tomar la dirección correcta, y hacerlo con urgencia y sin tardanza. Es importante el no dilatarnos cuando Dios nos hace sentirnos culpables, y actuar pronto.

Examinados por Dios

Al continuar en pie delante del espejo de la examinación propia y el escrutinio personal, esto nos debe de poner bajo el microscopio del Portentoso y Soberano Dios quien, sabe todo lo que hay en nuestro corazón y en nuestra mente. Allí Él expone aquellas cosas que a nosotros se nos hayan escapado en nuestra propia examinación. “¡Examíname, oh Dios… y reconoce mis pensamientos: y ve si hay en mí camino de perversidad…” (Sal. 139:23-24). Esta es la súplica de cada sincero hijo de Dios quien continúa buscando el agradarlo en medio de las luchas con su propia condición humana.

El apóstol Pablo nos declara su continua lucha con su condición humana buscando agradar a su Salvador. Aun frustrado por esa condición exclama: “¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (Rom. 7:18- 25). Pero esta exclamación no la da sin esperanza, pues con grande confianza y seguridad exclama al fin: “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!”

David da razón de que nuestros errores están a veces fuera de nuestra comprensión, y que no los vemos como errores; pues están completamente escondidos para nuestro entendimiento. “Los errores, ¿quién los entenderá? Líbrame de los que me son ocultos” (Sal. 19:12). Pero una cosa es no saber y otra es el no estar dispuestos a aceptarlos por causa de nuestro orgullo.

Reexaminación

Lo último y más dificultoso es el prestarnos para ser examinados y juzgados por otros, no en una forma de crítica destructiva sino examinados para edificación. “Y considerémonos los unos a los otros para provocarnos al amor y a las buenas obras” (Heb. 10:24). Es mucho más fácil examinarnos nosotros mismos y juzgar nuestras acciones, que preguntarle a alguien más que nos ayude a hacerlo. Inclusive, el preguntarle al Señor que nos examine profundamente es mucho más fácil que la humillante experiencia de preguntarle al pastor, al líder espiritual o al temeroso y fiel hermano o hermana que examine nuestro caminar espiritual, acciones, actitudes, etc… “Sujetados los unos a los otros (para ser examinados) en el temor de Dios” (Ef. 5:21).

El Terrible Creador examina Sus obras, obras que solamente Él puede ponerlas en escrutinio. No necesita a nadie más porque no hay otro como Él. Dios, quien no tiene que dar a nadie “cuenta de ninguna de Sus razones” (Job 33:13). Por medio de la examinación propia, la de otros, y buscando la del Señor vamos a ver la mucha necesidad aun en las pequeñas áreas de nuestra vida. Como resultado de ello podremos ser mejores esposos, esposas, hijos, hijas, hermanos, hermanas, empleados y patrones, y más que todo, mejores hijos de Dios, “el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día (de la segunda venida) de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 1:8).

Para clausurar, cito de una manera muy directa como un ejemplo para nosotros los ministros, el desvío y el error en la vida de David. Mientras que vivió examinando su vida de continuo por sí mismo delante del Señor, sus obras o acciones fueron correctas, mas cuando se descuidó y dejó de examinar sus acciones, falló. Mas por cuanto Dios lo amaba, entonces eligió a alguien más para examinarlo y humillarlo, señalándole su pecado. Dios ha hecho siempre así con los que son Suyos, y lo va a seguir haciendo.

Pastor Efraim Valverde III, Octubre 2012