¡Nacio Israel y Sigue Viviendo!

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

Y una grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando preñada, clamaba con dolores de parto, y sufría tormento por parir. Y fue vista otra señal en el cielo: y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las echó en tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para parir, a fin de devorar a su hijo cuando hubiese parido. Y ella parió un hijo varón, el cual había de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fue arrebatado para Dios y a su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días. Y fue hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles” (Apoc. 12:1-7).

Entre los muchos errores de las enseñanzas proféticas conocidas popularmente con el distintivo de “futuristas,” está la interpretación que se hace de Apocalipsis 4:1, la cual usan, los promotores del “futurismo,” para enseñar que allí se efectúa “el rapto misterioso” en el cual la Iglesia se desaparece sin que nadie se de cuenta. El lector que observa este pasaje bíblico sin interpretaciones prefijadas, o sin “ayudas” exteriores, nunca podría pensar en tal interpretación por la sencilla razón de que todo de lo que allí se trata, es la orden que el Espíritu Santo le da a Juan diciendo: “Sube acá”. Mas el error continúa enseñando que desde el preciso momento que allí se efectúa “el Rapto Misterioso” de la Iglesia, el resto del libro del Apocalipsis ya no tiene nada que ver directamente con la Iglesia aquí en la tierra. En otras palabras, la interpretación es que mientras los creyentes en Cristo estemos aquí en este mundo, nada de lo que dice el libro profético citado puede cumplirse. Y así tan absurdo como esto pueda sonar en los oídos y en el entendimiento de quienes leen el Santo Libro sin prejuicios, la increíble realidad es que ha sido aceptado por un gran porcentaje del cristianismo actual, induciendo así a miles y miles de cristianos para que lean el último libro de la Biblia como una novela, dramática ciertamente, pero, con cuyo cumplimiento nada tiene que ver la Iglesia. Repito, ¡que absurda enseñanza!

Mi tema, en esta ocasión, no es el explicar el error de “el Rapto Misterioso,” (pues las Escrituras lo que en realidad enseñan es que el Señor va a recoger a Su Iglesia cuando aparezca en gloria en su segunda venida, en “que todo ojo lo verá”) mas menciono lo dicho para llamar la atención de mis lectores, precisamente, en uno de los capítulos interiores del Apocalipsis (el 12) de cuyo cumplimiento, nosotros, la última generación, hemos sido testigos oculares. Por cierto que adelantándome en la descripción del capítulo aludido, invito al lector para que identifique a la Iglesia al final del mismo pues allí aparecen, sin lugar de contradicción, aquellos que “guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12:17), a los cuales se les señala, por cierto, como “los otros de la simiente de ella (de la mujer). Pasemos, ahora pues, de lleno al tema que en esta vez, por parte del Señor, he sentido en mi corazón presentar ante mis hermanos, y amigos lectores: El significado de “la MUJER VESTIDA DEL SOL”.

Me ha sorprendido, en el transcurso de los años en que he hablado de esta porción Escritural en los púlpitos, al ver que muchos de nuestros hermanos pensaban (y muchos aun así piensan) que la mujer simbólica descrita aquí es la virgen María, y que el hijo varón que parió, es el niño Jesús. Tal cosa no puede ser así, y las razones son las siguientes:

1. Para el tiempo que el apóstol Juan fue usado por el Espíritu Santo, para escribir el libro del Apocalipsis, el nacimiento de Cristo era ya historia de cerca de cien años. Las profecías que anticiparon su nacimiento, por supuesto, fueron dadas antes, y están en el Antiguo Testamento ya cumplidas y selladas. Entendiendo, por lo tanto, que lo cumplido ya no es profecía sino un hecho, reconocemos entonces que la repetición profética resultaría inconsistente y tal cosa es imposible en el Libro Santo.

2.Al aplicar literalmente a María toda la descripción de la gloria con que aparece vestida la mujer, es tanto como aceptar de hecho la divinización de ella (de María), y contribuir así en favor de una de las herejías más abominables con que se ha hecho pecar al cristianismo engañado ya por más de 16 siglos.

3. Además, en María lo que fue milagroso fue la concepción (el haber concebido, siendo virgen, por obra del Espíritu Santo), pero su parto fue común, o sea, al igual que el parto de cualquier madre que da a luz un hijo. En cambio en la mujer de Apocalipsis 12:1-2, es glorificado el dolor del parto, el cual trae como resultado el nacimiento de su hijo varón el cual a la vez está llamado para gobernar a las naciones.

4. Concientes, ya pues, de que la mujer no es María, y que “el tormento” de su parto es el que tiene que ver con el nacimiento de su hijo, tenemos que razonar que no se trata este del niño Jesús, de cuyo dolor para nacer no se menciona en lo absoluto, sino de otro simbolismo como lo es el de la mujer misma. Pasaremos, pues, ahora a considerar la declaración de esos símbolos.

La Iglesia fiel es simbolizada por una hermosa mujer en el Cantar de los Cantares. Y como una virgen pura en Gálatas capítulo cinco. La Iglesia apóstata es, por su parte, también simbolizada como una mujer en Apocalipsis capítulo diecisiete; y a Israel, y a la misma Jerusalem, se los describe en el Antiguo Testamento muchas veces con el simbolismo de una esposa, de una mujer. Es esta entonces la clave que Dios mismo nos da para que entendamos que la mujer simbólica de nuestro tema es un pueblo, y ese pueblo es nada menos que la Raza Judía, pues que está vestida con una gloria que no se le puede aplicar a ninguna otra raza fuera de Israel. Una gloria que Dios ha querido darle a esta raza, que no esta basada en los meritos de sus integrantes mas en la voluntad absoluta del Todopoderoso, y que por lo tanto no puede quitárselas nadie. Ni aun ellos mismos pueden negarla, ni evadir el pagar el precio que ha requerido el hecho de ser depositarios de tan grande privilegio Divino. El vestido de la mujer está descrito muy claramente en el segundo sueño de José, el hijo de Jacob (Gen. 37:9-10), pues allí están los simbolismos de gloria: el sol, la luna y las estrellas. Once que vio José en su sueño, y con el son doce, o sea el número de las tribus que formaron a su vez la nación Israelita a cuyos integrantes se refiere el apóstol Pablo cuando dice: “Que son Israelitas, de los cuales es (hasta hoy) la adopción, y la GLORIA, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas” (Rom. 9:4). El Señor mismo, hablando con la mujer samaritana, hace esta tremenda declaración: “PORQUE LA SALUD (SALVACION) VIENE DE LOS JUDIOS” (Juan 4:22).

Antes de entrar en detalle con este aspecto del tema, deseo hacer patente, en forma resumida y concreta, la declaración del mismo: El dolor tormentoso de la mujer (la raza Judía), tuvo su cumplimiento en el siglo de “la última generación” o sea, en el siglo XX, con la horripilante masacre conocida como EL HOLOCAUSTO, en la que 6 millones de Judíos fueron llevados al suplicio y a la muerte en el periodo de unos seis años, por el único “delito” de ser miembros de esa raza que Dios ha querido distinguir. Me anticipo a decir que estoy bien conciente de que la presente declaración no es una interpretación profética popular, por cuanto no son muchos los que la enseñan, pero siento, de parte de mi Dios, una firmeza profunda que me impulsa para sostenerla y para predicarla porque sé que tiene que ver con la salvación misma de la Iglesia del Señor. Inclusive he retado, y estoy retando en el Espíritu del Señor, a quien pudiere presentarme una interpretación más convincente del simbolismo profético aludido.

Una de las operaciones muy favoritas del anticristo, que es Satanás, “el dios de este siglo,” ha sido el fomentar, ya por casi cuatro mil años, el espíritu del antisemitismo. Lo hizo desde el principio del pueblo Hebreo en Egipto, usando al Faraón que no conoció a José, y lo ha hecho, sin cesar, hasta el presente día usando a diferentes vasos y a diferentes razas. Pero su operación suprema fue consumada por instrumentalidad de la

Alemania Nazi, en el preludio y, durante el curso de la segunda Guerra Mundial del año 1939, al año 1945, cuando, al mando de Adolfo Hitler, las huestes Nazi y sus aliados llevaron a cabo una matanza humana, sistemática, jamás efectuada en la historia del hombre. Cabe aquí el advertir que para quienes no conocen bien, o cuando menos en buena parte, los acontecimientos del HOLOCAUSTO, va a ser difícil que puedan aceptar lo aquí escrito, puesto que la actitud de incredulidad, de disimulo, y aun de negación, en lo que relaciona al sufrimiento del Pueblo Judío, es precisamente parte de la operación del espíritu del antisemitismo. Por cierto que el diablo se ha esforzado bastante, usando todos los medios posibles a su alcance para desacreditar la veracidad de los macabros acontecimientos del HOLOCAUSTO, pero es imposible negar la realidad histórica y más aun el borrarla, y esta, prevalece cual un permanente fantasma acusador para la presente generación, y de una manera particular, y directa, para la nación Alemana.

Para los cristianos verdaderos no tiene contrariedad ninguna el hecho de que el Pueblo Hebreo ha sido escogido por Dios, para revelarse el Creador a la humanidad, por los últimos cuatro milenios. Pues, acéptelo o no el mundo, ha sido a este pueblo al que Dios ha usado como instrumento, y depositario, para darnos a los hombres El Libro de los libros. Tanto el Antiguo Testamento antes de la Iglesia, como el Nuevo Testamento, en el tiempo de la gracia, cuando la salvación para todas las razas humanas nos ha venido por conducto de los Judíos, empezando con el mayor, y mejor, de todos ellos: Jesús de Nazaret, y siguiendo con sus apóstoles. Creo, pues, que es suficiente con lo dicho para comprobar la declaración hecha, de que la mujer vestida de gloria es la nación Judía. Pasamos por tanto, ahora, a considerar el significado tremendo del dolor de parto de la mujer que se nos dice que, “sufría tormento por parir”.

No es ningún secreto para los historiadores seculares el hecho, ya antes mencionado, de que el HOLOCAUSTO es un acontecimiento único en los anales de la historia humana. Nunca, en ningún tiempo, ni en ninguna nación o raza, se había consumado un hecho, que de tan macabro es aun increíble, en el que de una sola raza se masacraran, en el breve periodo de aproximadamente seis años, la cifra astronómica de seis millones de sus miembros. Es por tanto, de suma importancia, para poder entender y aceptar el significado del simbolismo que nos ocupa, que tengamos en mente el hecho de que este acontecimiento es UNICO, repito, en los anales de la historia del hombre. No es posible narrar aquí todos los detalles del HOLOCAUSTO, pues para ello necesitaríamos escribir toda una enciclopedia. Lo único que puedo hacer, por esta vez, es recomendar a mi estimado lector que procure familiarizarse con los muchos libros, y otros medios informativos, que hay preparados al respecto; inclusive los innumerables comentarios en que los historiadores eruditos, tanto Judíos como Gentiles, hace la pregunta para la cual no encuentran respuesta: ¿Cómo es posible que en pleno siglo de las luces, de la ciencia, de la civilización presente, en una raza tan distinguida y educada como lo es la raza alemana, halla acontecido algo semejante? La única y conclusiva respuesta es que la Palabra de Dios tenía que cumplirse, y la mujer simbólica que miro el apóstol Juan (la raza Judía), tenia que pasar por los dolores de parto, y aun sufrir tormento, para dar a luz al hijo varón que está llamado para gobernar a las naciones de la tierra: NACIO ISRAEL. La Segunda Guerra Mundial terminó completamente en el mes de agosto del año 1945, con la explosión de la primera bomba atómica y la derrota del Japón (pues la Alemania Nazi ya había sido derrotada por la Fuerzas Aliadas en el mes de mayo del mismo año); con la finalización de la guerra terminó “el dolor de parto de la mujer,” y nació el Estado Israelita.

Dos años después el día 29 de noviembre de 1947 en el seno de las Naciones Unidas se tomó la resolución mas increíble de todos los últimos 19 siglos: Que al Pueblo Judío, quien por ese mismo número de siglos había estado esparcido entre todas las naciones de la tierra, se le reconociera una porción en la Palestina para establecerse como un estado. Por cierto que entre las ironías mas grandes en la historia contemporánea quedo el innegable hecho de que Rusia, el mas poderoso enemigo de Israel en la actualidad, fue el instrumento principal a favor de que pasara la resolución aludida siendo esto una prueba irrefutable de que Dios puede mover a las naciones, como a El le place, para que Su Palabra se cumpla. El día 14 de Mayo de 1948, basados en la resolución ya tomada por las Naciones Unidas, el Pueblo Judío, que habitaba ya en la Tierra Santa atraído por el movimiento Sionista de los 50 años anteriores, declaró su independencia y el renacimiento increíble del “reino” (Hech. 1:6), nombrando al naciente estado con el título original de su antigua historia: ISRAEL. Nació “el hijo de la mujer” y el dragón quiso devorarlo pero no pudo porque Dios no lo permitió, pues así como el tiempo para su nacimiento había llegado y nadie pudo impedirlo, tampoco nadie ha podido impedir que ya se hayan cumplido sus 60 años de edad, ni se podrá impedir lo que Dios ha determinado que hará con “el hijo de la mujer” (Ap. 12:5).

La profecía descrita en Zacarías 12:2-3, y capítulo 14:2, en forma innegable, se ha estado cumpliendo inexorablemente ante los ojos incrédulos de un mundo escéptico (incluyendo a una inmensa multitud de “cristianos”), desde que “el hijo de la mujer” (ISRAEL) volvió, en la guerra de la Santa Ciudad, JERUSALEM (o sea la Ciudad Antigua que está dentro de los muros y que encierra en sí los terrenos del Templo de Dios), el 7 de Junio del año 1967, después de haber sido echados fuera de ella en el año 70 de nuestra era (1897 años antes), por los ejércitos Romanos al mando del General Tito (Dan. 9:26). Con este acontecimiento, inclusive, se cumplió la importantísima profecía dada por nuestro Señor Jesucristo en Lucas 21:24. Aun la persona mas escéptica tiene que reconocer el innegable hecho que nuestros ojos, y los ojos del mundo, están viendo: Todas las naciones de la Tierra, y sus representantes en el seno de las Naciones Unidas, con la excepción de menos de cinco, están turbados, y en contra de Israel, por causa de JERUSALEM, la cual se les ha tornado “por piedra pesada a todos los pueblos”. ESTA IMPORTANTISIMA PROFECIA NO PODIA TENER SU CUMPLIMIENTO MIENTRAS JERUSALEM NO ESTABA EN PODER DEL PUEBLO JUDIO: MAS AHORA “EL HIJO DE LA MUJER” (EL ESTADO MODERNO DE ISRAEL) YA NACIO, Y ESTA HACIENDO AQUELLO PARA LO CUAL DIOS LO HA LLAMADO. Y así como se ha cumplido y está cumpliéndose lo que ya está, también se va a cumplir lo que sigue porque EL REY DE ISRAEL ha dicho, “El cielo y la tierra pasarán, mas Mis Palabras no pasarán” (Mat. 24:35). Solamente el corazón del necio puede negar las verdades que aquí se declaran.

El reportero alemán, Teho Sommer, editor-en-jefe del Diario Die Zeit, de Hambur, Alemania, y contribuidor de la revista Newsweek Internacional, en un articulo publicado en la misma, con fecha de 18 de Mayo, bajo un encabezado que lee: ¿NUNCA SEREMOS NOSOTROS PERDONADOS?, el editor cita esta pregunta hecha por la nación alemana en relación a la culpabilidad que siente esa raza respecto al HOLOCAUSTO, y en el primer párrafo del escrito se lee lo siguiente: “El lugar propio para cualquier extranjero para que principie su visita a Israel es Yad Vashem, el parque memorial Judío que está en una de las hermosas y muy visitadas lomas que rodean Jerusalem. Es un horrible y sacudidor recuerdo del Holocausto, sin el cual el Estado de Israel probablemente hubiera permanecido solamente como un sueño Sionista. Seis millones de Judíos asesinados por la máquina exterminadora de Hitler, cientos de miles de sobrevivientes buscando la seguridad que un hogar nacional,-esto fue, en su mayor parte-, lo que dio a Israel su existencia. La más cruel persecución en la historia de la humanidad dio como resultado el nacimiento del Estado Judío”.

Lo más increíble en este caso es que las verdades que el pueblo llamado cristiano debería de reconocer y de anunciar, no lo hace; en cambio “las piedras están hablando,” como dijo el Maestro (Luc. 19:40). Pero gracias a Dios que “entenderán los entendidos” (Dan. 12:10).

Ahora en lo que toca a “la mujer,” ha sido y sigue siendo perseguida por el “dragón” que es Satanás. La raza Judía, integrada actualmente por unos 15 millones, ha regresado solamente en parte de la “Diáspora” (el Esparcimiento), pues solamente cinco millones y medio están en Israel, y los demás continúan residiendo entre las naciones de la tierra donde continúan siendo víctimas del mismo antisemitismo de las edades antiguas, y del antisionismo moderno. De esto también estamos siendo testigos los cristianos de “la última generación” (Mat. 24:34). Mas no importa cuan terrible sea la furia con que “el dragón” persiga a “la mujer” para destruirla, no podrá hacerlo porque Dios la escogió para hacerla instrumento y depositaria de Su Gloria, y tiene que permanecer porque la boca del Altísimo lo ha dicho por labios de su siervo el profeta Jeremías (Jer. 31:31-40).

El capítulo de nuestro tema, Apocalipsis 12, termina con una declaración que implica vida o muerte para el cristiano, y por lo tanto es de importancia cardinal el considerarla: “Entonces el dragón fue airado contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo”. Fijemos nuestra atención, aquí, en el hecho de que viendo “el dragón” (el diablo) que no puede destruir a “la mujer” (al Pueblo Judío), se lanza a “hacer guerra contra LOS OTROS DE LA SIMIENTE DE ELLA,” pues en esto es precisamente donde reside la importancia que esta profecía tiene para los cristianos. Al principio de este articulo hago referencia a la parte que esta Escritura hace de la Iglesia, pues la descripción no puede ser más clara puesto que se trata de aquellos que “GUARDAN LOS MANDAMIENTOS DE DIOS, Y TIENEN EL TESTIMONIO DE JESUCRISTO”. Invariablemente estos tienen que se los integrantes de la verdadera Iglesia del Señor Jesús, o sea, los cristianos fieles, y solo la mente turbada por el engaño pudiera negar o interpretar diferente esta declaración. Por tanto llegamos también a la conclusión irrefutable de que son los fieles seguidores de Cristo, “los otros de la simiente de ella,” y para confirmación cito las palabras del mismo Señor quien, hablando con la simiente de Israel, dice: “Tengo también OTRAS ovejas, que no son de este redil; aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor” (Juan 10:16).

El hecho de que la Iglesia cristiana sea hija, o que su origen proviene de la raza Judía, es una verdad innegable enseñada en la Palabra de Dios principiando con la declaración del mismo Señor quien, hablando con la Samaritana, dice: “Vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos, PORQUE LA SALUD (SALVACION) VIENE DE LOS JUDIOS” (Juan 4:22). Por la voluntad absoluta del Todopoderoso, la realidad es que si no existiera las simiente de Israel tampoco existiera la Iglesia; si no hubiera Antiguo Testamento tampoco hubiera Nuevo Testamento; si no existiera el pueblo Hebreo, tampoco existiera el Libro Santo, LA BIBLIA; si no hubiera el tronco del árbol tampoco hubiera las ramas (Rom. 11:16-20). Noemí (la raza Judía) es la madre, Rut (la Iglesia entre los Gentiles) es la hija quien, siendo extranjera para el pueblo de Israel, reconoce a Noemí como madre y le dice: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti, porque donde quiera que tu fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré; TU PUEBLO SERA MI PUEBLO, Y TU DIOS, MI DIOS” (Rut 1:16). Repito que, una de las operaciones distinguidas del anticristo (Satanás), en el transcurso de los siglos de la era cristiana, ha sido el influenciar las mentes del cristianismo para que “la hija” no solamente niegue a “la madre) más aun se torne en contra de ella. ¡Que ironía! La Alemania “cristiana” fue, inclusive, el verdugo del HOLOCAUSTO, pues lo que no han hecho las naciones paganas, durante los siglos de la existencia de la Iglesia, lo han hecho las naciones que se hacen llamar a si mismas, cristianas. Pero aun es más, y de esto yo personalmente soy testigo, cuantos de mis hermanos, del Nombre, de los que hablan español, y también de otras lenguas, no solamente ignoran y niegan al pueblo Judío, mas aun lo desprecian y lo maldicen.

Pero, siguiendo con nuestro tema, el texto apocalíptico que nos ocupa describe al diablo persiguiendo a los verdaderos cristianos, pues su odio, y su ira, es tanto en contra de “la mujer” (la raza Judía), como en contra de su hijo (el Estado de Israel), como también en contra de la Iglesia verdadera del Señor Jesús. Pablo, el apóstol de los Gentiles, señala con el distintivo de la persecución a la Iglesia diciendo: “Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos estimados como ovejas al matadero” (Rom. 8:36). Pero esta tremenda advertencia no se inicia con la Iglesia, sino que Pablo la cita del Antiguo Testamento donde estaba aplicada, ya desde los siglos anteriores, para la simiente de Israel, para el pueblo Judío. Vemos, pues, a las dos simientes hermanas distinguiéndose por la misma marca, la marca de persecución, de muerte y de martirio. En Israel, ya lo dijimos al principio, se ha cumplido desde sus orígenes hace ya cerca de cuatro mil años, y en la Iglesia, de igual manera, hace ya cerca de dos mil años. Pues la historia está saturada con la sangre de más de 50 millones de mártires, principiando con los apóstoles, que han glorificado a su Dios y Salvador Jesucristo con su martirio y su muerte. Esta fue la voluntad del Eterno en el principio, en el tiempo de “la lluvia temprana” (Joel 2:23), y también es Su voluntad repetir el mismo ciclo en el tiempo de “la lluvia tardía”. El popular y moderno mensaje de las teorías futuristas, con su enseñanza de un rapto misterioso y sus promesas de librar a los cristianos de todo sufrimiento, no son sino un Satánico engaño para adormecer a multitudes de cristianos, especialmente en los lugares del mundo en donde todavía no ha llegado la persecución y la muerte, para que no estén preparadas para glorificar al Señor a la hora de que estas lleguen tocando a la puerta de sus casas.

El Futurismo ha enseñado que los cristianos están llamados para no sufrir, y que por tanto la Iglesia tiene que “ser raptada” antes del tiempo de la tribulación final de que hablo el Señor (Mat. 24:21), interpretando torcidamente la Escritura que dice: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:9). La verdad es que “la ira de Dios” es ciertamente para el mundo impío, pero eso no quiere decir que el cristiano fiel que sufre tribulación esta sufriendo la ira de Dios; antes por lo contrario, la tribulación y el sufrimiento para los hijos de Dios ha sido, por amor del Padre, para perfeccionarnos y, a la misma vez, para ser glorificado en Sus hijos en tal forma. (Léase por favor Heb. 12:3-11). Las plagas, y la ira de Dios, cayeron sobre Egipto para ruina pero mientras tanto, Israel estaba aun en Egipto y no salió hasta que cayó la última plaga. Para Egipto fue la ira de Dios, pero para el pueblo del Señor fue la bendición más grande. El tiempo de la grande tribulación ya ha empezado y las profecías del Apocalipsis se están cumpliendo en nuestros días. La Iglesia fiel, cual Israel en Egipto, va ha ser testiga de la ira de Dios sobre la humanidad impía, y va a salir, o sea que va ha ser levantada, en el tiempo de la última y más terrible plaga. (Léase por favor 2 Tes. 1:4-10). Durante este tiempo se cumple literalmente en el pueblo de Dios, la maravillosa confianza inspirada por el Espíritu Santo en el Salmo 46, que describe la Segunda Venida del Señor, así como el Salmo 47 describe el establecimiento de su reino mileníal.

Mi querido hermano lector, la “grande señal que apareció en el cielo,” de la cual en esta vez nos hemos ocupado, se ha cumplido delante de nuestros ojos. Dios está usando al Estado Israelita para cumplir las grandes y últimas señales que faltan ya, para que aparezca en las nubes del cielo, con poder y gloria, el Cristo maravilloso que la Iglesia espera, que es a la vez el Mesías prometido que espera Israel; y entonces “habrá un rebaño y UN Pastor”. Pero en estos días presentes, preludio de Su regreso: “el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Apoc. 12:12), y la tribulación, y la persecución para el pueblo de Dios (Israel y la Iglesia) está en efecto, mas va ir aumentando en intensidad hasta el día maravilloso de “la Venida de Nuestro Señor Jesucristo, y nuestro recogimiento a El” (2 Tes. 2:1). Dios bendiga a Su pueblo y nos ayude para estar despiertos a la realidad de Su Palabra; que el cumplimiento de Sus verdades no nos tome desprevenidos. Amén.

Pastor Efraim Valverde Sr

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