Maravilloso Nombre: Jesús el Señor (Parte 1 de 2)

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

“ Y en ningún otro hay salud (salvación); porque no hay otro Nombre debajo del cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12)

“Yo no predico el nombre, yo predico a Jesús,” gritaba el predicador, agregando a continuación: “No es el nombre de Jesús lo que vale mas, sino aquel a quien ese nombre representa.” Naturalmente que este razonamiento tenia aceptación entre la multitud que escuchaba, pues muchas gargantas gritaban en respuesta afirmativa: “¡Amen!” Oyendo una vez más ese razonamiento que muchas veces he escuchado en el transcurso de mi vida en el Señor, sentí un profundo dolor. Pues en esta vez no lo estaba escuchando de los labios de nuestros hermanos creyentes en la Trinidad de Dios, sino de uno de los que un día fue bautizado en él Nombre Supremo de Dios, que es JESUCRISTO, nuestro Salvador, JESUS EL SEÑOR.

Provocado así a celos escribo y pregunto hoy a todos y a cada uno de mis hermanos que leyeren estos renglones: ¿Qué tan correcto, o qué tan fuera de orden está el razonamiento aludido? Por mi parte, no tengo la menor duda, ni el menor impedimento, para declarar enfáticamente, que el tal razonamiento, está completamente fuera del orden que señalan las Sagradas Escrituras. Pues la Palabra de Dios declara en una forma especifica, clara y concisa, que el Dios Eterno, el Dios de la Gloria, el Dios de Israel que es el mismo Dios de la Iglesia, ha querido depositar su poder  salvador en “…un Nombre que es sobre todo nombre”: “Jesucristo el Señor” (Fil. 2:9-11).

Ciertamente para aceptar y creer la verdad que estoy aquí declarando, es imperativamente indispensablemente que la mente del Cristiano esté iluminada con una revelación clara y completa sobre el profundo misterio de la Unicidad en la Divinidad. Porque ciertamente “y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; a sido justificado con el Espíritu: ha sido visto de los ángeles: ha sido predicado a los Gentiles: a sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria” (1 Tim. 3:16). ¿Quién fue manifestado en carne? ¿El hijo de Dios? ¡NO! DIOS. ¿Por qué? “Porque ciertamente Dios (la Divinidad) estaba en Cristo (su humanidad) reconciliando al mundo a sí….” (2 Cor.5:19) Insisto en que todo Cristiano en cuya mente no hubiere el “…entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo” (Col. 2:2), no va ha poder aceptar mi razonamiento, y en cambio va ha aceptar el otro que aquí estoy reprobando.

Pero Isaías (8:20), inspirado por el Espíritu Santo, dijo: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” No es precisamente mi propósito el disertar sobre el tema de la Unicidad de Dios en este escrito, mas, como ya lo menciono antes, es imposible el apreciar el valor supremo del Nombre de Dios, JESUS EL SEÑOR, si no hay en la mente del cristiano la revelación maravillosa de la Divinidad. Por lo tanto, aunque fuere en forma breve invito a lector a que considere algunas de las muchas escrituras en las que el Señor nuestro Dios declara, confirma, y reconfirma una y otra vez el hecho de que EL ES DIOS, Y FUERA DE EL NO HAY MAS: (Isaías 43:10-11, Isaías 44:6-8, 45:5-6-22, 46:9).

Es también por Isaías (9:6) por quien declara diciendo: “Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, DIOS FUERTE, PADRE  ETERNO, Príncipe de paz.” A Israel le ordenó Dios desde sus principios que entendiera esto cuando le dijo: “Oye Israel, el SEÑOR nuestro Dios, el SEÑOR UNO ES.” (Deut. 6:4) No importa que tanto quisieren explicar y re-explicar sus teorías e interpretaciones los proponentes de las doctrinas de la Trinidad o de la tri-unidad, e inclusive los de la dualidad, es imposible que Dios sea tales cosas. Pues la profunda y tremenda realidad es que nuestro Dios, UNO ES, y su nombre supremo (por cuanto es el Nombre que es sobre todo nombre- Fil. 2:9-10), es JESUS EL SEÑOR.

Entendiendo y aceptando por lo tanto la breve declaración antes hecha, no podríamos nunca, en ninguna forma y por ninguna razón, aceptar como correcta la declaración que ya al principio describo. Pues siendo el Nombre de JESUCRISTO EL SEÑOR, el supremo nombre de Dios mismo, ¿como pudiéramos creer que en tal Nombre no hubiere una virtud y un poder sobrenatural y único? Gracias a Dios porque lo antes dicho es la verdad más grande y sublime que pueda existir en todos los cielos, arriba y abajo. Y esto no es solamente un razonamiento mio o de algún otro humano, sino una declaración de Dios mismo. Pues está dicho muy clara y enfáticamente, primero por los labios del profeta Joel (2:32), “ Y será que cualquiera que invocare el Nombre del Señor, será salvo.” ¿Cual nombre? EL NOMBRE que a su debido tiempo el Apóstol Pedro declaró bajo la unción del Espíritu Santo y del cual dijo lo que ya describo como escritura básica del presente escrito, ¿Podría algún Cristiano sincero y poseedor de la revelación de la “unicidad de Dios” negar la verdad fundamental de las declaraciones escriturales aludidas? ¿Podríamos a buena consciencia decir ahora, aquellos que un día invocamos el maravilloso Nombre de JESUCRISTO nuestro Señor y Dios en las aguas del bautismo, que la invocación de ese Nombre no tuvo mucho que ver con nuestra salvación y el perdón de nuestros pecados? Las Declaraciones del Nuevo Testamento El Nuevo Testamento esta impregnado, desde el evangelio según San Mateo hasta el libro del Apocalipsis de declaraciones escriturales que dan razón de la verdad fundamental que en este escrito nos ocupa.

Imposible me seria aquí el transcribir las más de 100 citas neo-testamentarias que enfatizan la importancia suprema del NOMBRE en la obra de redención traída por el Señor ahora en el tiempo de la Iglesia, tanto para los Judíos como
también para los Gentiles. Unas cuantas de esas escrituras solamente cito aquí para probar la suprema importancia del NOMBRE en el plan de salvación. “ Y que se predicase en SU NOMBRE el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalém.” (Lucas 24:47) “A éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en Él creyeren, recibirán perdón de pecados por SU NOMBRE.” (Hechos 10:43) “ Y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones en SU NOMBRE.” (Romanos 1:5)
Muchas escrituras más podría seguir añadiendo al párrafo anterior, pero para “los entendidos” no tiene caso. Pues la verdad innegable y cristalina es que al único y Omnipotente Dios, el Dios de Israel quien es el mismo Dios de la iglesia, la ha placido depositar Su salvación en SU NOMBRE. Él es ciertamente el que salva, y Él es el Salvador mismo. Él es quien por gracia a querido extender su salvación a todas las naciones, y ciertamente que pudiera salvar por si mismo sin tener que señalar ningún nombre si así lo quisiere. Pero en su soberana voluntad ha querido que su salvación por gracia haya sido comprada por la sangre derramada en el sacrificio hecho en la cruz, y por la fe en SU NOMBRE.

En ninguna parte del Libro Santo nos autoriza el Señor para que creamos y digamos ahora que Él (El Señor) es el que verdaderamente importa y que SU NOMBRE no, antes por lo contrario. Pues uno de los propósitos principales para los cuales Él mismo nos declara que vino a este mundo, ha sido para declarar SU MARAVILLOSO NOMBRE, JESUS EL SEÑOR. Ahora, ¿en donde nos declaran las Sagradas Escrituras (y mas particularmente en el Nuevo Testamento) que aplica EL NOMBRE para la salvación y el perdón de pecados? ¿No es en el bautismo? ¿Podríamos acaso negar la importancia de la declaración del Maestro mismo cuando dijo: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado (en SU NOMBRE), será salvo, mas el que no creyere, será condenado.” (Mar. 16:15-16) San Pablo nos pregunta “¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?” (Rom. 6:3) Y San Pedro hablando de la salvación por agua en los días de Noé nos dice que, “a la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva por la resurrección de Jesucristo.” A la misma vez explica que “no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios.” Porque ciertamente que somos salvos solamente “por gracia, por la fe” en el Señor mismo, pero no podemos ni debemos negar la suprema realidad que a Él, repito, le a placido que esa salvación la hagamos propia al usar el poder maravilloso y sobrenatural de SU NOMBRE en el bautismo.

La salvación de Dios no reside en una sola acción o en una sola operación individual sino que es un proceso que principia con el oír y termina con el morir. Si nosotros, movidos por la ignorancia, el celo doctrinal o la razón que fuere, le restamos importancia a cualquiera de los aspectos del proceso establecido por Dios, invariablemente nos vamos hacer mal y vamos hacer mal a otros. Mayormente si somos ministros de Dios y enseñadores de los que no saben. Pues descuidándose en este sentido unos enfatizan solamente la fe, otros solo la gracia, otros solamente el bautismo, otros solamente la señal de las lenguas, otros solamente en la forma de vestirse etc.

Por mi parte estoy completamente entendido de la verdad de lo que antes declaro y cada uno de los extremismos o polarizaciones citadas y en algunos otros más he enfocado la explicación y la enseñanza reprobando el desbalance perjudicial. En esta vez lo estoy haciendo para recordar a mis hermanos que el valor del NOMBRE al ser invocado en las aguas del bautismo, no es de menos valor que los demás factores en el plan de salvación de Dios. Además no podremos tampoco ignorar nunca que el poder del nombre no solamente aplica a la remisión de los pecados, sino también para la operación de toda clase y tipo de milagros físicos y espirituales. Es por la invocación del NOMBRE por la que operan, maravillas y milagros aun aquellos que están contados entre los que dicen “que no predican el Nombre de Jesús sino al que lleva el nombre.” Es increíble el que no puedan ver la contradicción en que ellos mismos se ponen al hacer una cosa y negar la otra pues los mismos demonios salen con la invocación del NOMBRE.

¿Tradiciones, o Experiencias Personales?

Ya mencione antes el prejuicio de los desbalances dogmáticos y se que tanto tienen estos que ver con la devaluación mental del NOMBRE, que en este articulo he estado reprobando. Pues la verdad es, y esto me consta perfectamente, que en uno de los ambientes en los que mas se ha esforzado el enemigo para cultivar un extremismo dogmático con relación al bautismo ha sido precisamente entre el ambiente de “la gente del Nombre”. Insisto que de esto no tengo ni la menor duda y lo declaro con toda certeza porque he sido y hasta hoy soy testigo de tal actuación de extremismo. Pues ya por una vida he visto y sigo viendo a ministros y a fieles para quienes no existe otra cosa más en la Biblia, que el bautismo, y el bautismo, y el bautismo. Así como para otros todo lo que vale es el hablar en lenguas, el hablar en lenguas, el hablar en lenguas. Para otros los trapos, los trapos, los trapos y cuantos otros extremismos más.

Mas lo dicho no quiere decir que por causa de un desbalance estemos justificados a irnos a otro desbalance y en el caso de nuestro tema el desbalance que estoy reprobando es el de creer y enseñar que el Nombre Supremo de JESUCRISTO EL SEÑOR no es de mayor importancia cuando se usa en el bautismo para la remisión de los pecados. Yo personalmente he vivido una experiencia desde mi niñez hasta el presente tiempo en mi vida en la que es imposible ignorar la innegable rivalidad que existe entre la mentalidad del Cristianismo Pentecostal del Nombre o “apostólico,” como un gran porcentaje entre este ambiente les gusta llamarse.

Habiendo nacido en el ambiente Bautista, habiendo mi propio padre sido un seminarista y pastor Bautista antes de que yo naciera, siendo yo un niño de unos siete u ocho años fui testigo de la operación de Dios que hubo en mi amado abuelo, Refugio Valverde cuando leyendo su Biblia quiso el Señor revelarle la prominencia suprema del NOMBRE DE JESUCRISTO EL SEÑOR. Buscó mi abuelo a los hermanos “del Nombre” y en el año del 1935 fue bautizado en el “Nombre que es sobre todo nombre,” siendo un hombre de ya cerca de 80 años de edad. Entre las memorias vividas y dolorosas que están hoy frescas en mi mente, es el haber visto a mi abuelo querido quedarse solo, pues mi padre y sus hermanos mayores (mis tíos) los separaron injustamente de mi abuela, hasta que el Señor también a ella le dio la revelación del NOMBRE.

Vi después varias veces a mi padre correr a mi abuela del rancho diciéndole, “lárguese de aquí con su doctrina de demonios.” Lo vi también a su tiempo correr a mi abuela materna (su suegra) de nuestro lado, cuando ésta también fue bautizada en el NOMBRE. Y lo mas, sufrí las consecuencias como hijo mayor de la familia cuando mi madre, habiendo recibido la revelación y no pudiendo ya detenerse, fue bautizada a escondidas de mi padre en el rio de Tijuana. Esto último, siendo en el tiempo en que yo ya empezaba a ser un joven, tuvo una repercusión tremenda y un efecto muy grande en mi vida. Aborrecí todo lo que tenia que ver con lo que se llama “religión,” mayormente cuando siendo yo un muchacho de 14 años, murió mi querido abuelo quien era para mi la única conexión real con Dios.

Así empecé a vivir mi juventud con una amargura espiritual que nadie, ni yo mismo (solo mi Dios) podía entender. Ya para cumplir los 20 años, mi Señor que miraba la miseria de mi alma quiso tener misericordia de mi, y así uso mi compañera, primero como mi novia y después como mi esposa, para que yo fuera a donde tendría de oír y a la vez recibir lo que mi Dios tenia preparado para mi. Cinco semanas antes de nuestra boda, mi Dios cambio mi vida allí en la Iglesia Bautista, y dos semanas antes de nuestra boda, los dos fuimos bautizados, sumergidos en las aguas en el “Nombre de Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.” Yo estaba en serio, como hasta hoy, pues el cambio lo hizo el Señor en mí ser; el milagro que nada ni nadie había podido hacer en mi vida.

Empezamos mi esposa y yo a experimentar y a vivir una vida nueva, tanto en el matrimonio como en lo espiritual. Mi padre y mis familiares y demás hermanos Bautistas estaban muy contentos, pero los familiares y demás hermanos Apostólicos, para quienes yo no era nada desconocido, no se sentían contentos puesto que yo me había bautizado con los Bautistas. Así transcurrieron unos cuantos meses y Dios volvió a usar otra vez a mi compañera para que fuera a donde tendría de recibir algo. Estando muy enferma me rogo que la llevara a una campaña de sanidad que estaban llevando acabo los hermanos Apostólicos. Allí se me dio, muy en contra de mi voluntad, un tratado sobre el bautismo en el NOMBRE el cual, muy ofendido y enojado, me llevé a mi casa. Ya allí solo, sin tener mas testigos que mi Dios y mi compañera, mi Señor quiso en el término de cinco días abrir mis ojos espirituales y darme la revelación de la Unicidad de Dios, del bautismo en el Nombre de Jesucristo el Señor, y de la recepción del don del Espíritu Santo con la evidencia y la señal de hablar en nuevas lenguas. De allí yo mismo fui a buscar a los hermanos que me bautizaron en ese NOMBRE sublime.

Ahora se cambiaron los papeles, los Apostólicos estaban muy gozosos conmigo, y los Bautistas estaban muy tristes y aun enojados conmigo. El enojo fue a tal grado que mi pastor Bautista, cuando lo fui a buscar para querer platicar y compartir con el gozo que yo sentía, me corrió y ya nunca me quiso dirigir la palabra. Allí tuve que acordarme de los años de mi niñez cuando en diferentes ocasiones, en bodas y funerales, mis familiares Bautistas y Apostólicos se reunían solo para argumentar y para irse peleados, cada quien para sus casas. “Todo esto” pensé “es por causa DEL NOMBRE,” y luego me pregunte, “¿porque tiene que ser así?” Hasta el día de hoy vivo deseando que ese cuadro desagradable no fuera cierto, pero la realidad sigue siendo innegable ante nuestros ojos.

Cabe aquí mencionar algo malo que estaba allí, pero que entonces yo no lo entendía como lo entiendo perfectamente ahora, después de una vida de experiencias. Este mal es el hecho de que Dios no autoriza a nadie, no importa que doctrina tan pura y santa tenga, para que use la Palabra de Dios para maldecir y pelearse con sus hermanos Cristianos que pensaren diferente. En aquellos casos mis familiares Bautistas y Apostólicos estaban ambos mal, porque los dos lados eran muy amantes del pleito, y allí podía estar toda la Biblia pero no la bendición de Dios. Ahora siendo yo mismo ya un cristiano adulto me encontraba en la misma situación, siendo objeto de una repetición de mis memorias infantiles. La verdades que desde allí fui yo mismo llevado, por mi falta de experiencia y de  madurez, en las corrientes del celo denominacional y dogmático.

En ello viví y ministré muchos años hasta que el Señor tuvo nuevamente en Su misericordia de librarme, en esta vez del desbalance dogmático. Reconfirmación de lo Dicho Ahora, en estos últimos 18 años de mi vida en el Señor y en el ministerio, he estado más y más convencido y confirmado en las verdades que mi Dios he querido mostrarme, enseñarme, y revelarme. Naturalmente que lo dicho no es sino solamente una idea general de mi vida y experiencias. Mas lo dicho es con el fin de probar a mi hermano lector de que no miento si ahora por mi parte yo digo “que traigo en mi vida las marcas DEL NOMBRE.”

Imposible me seria el poder y explicar aquí todas las cosas e ideas que están en estos momentos en mi mente con relación al tema que en este escrito nos ocupan. Una cosa si puedo y debo decir con toda firmeza y claridad que a causa de todas las experiencias vividas, tanto en mi mismo como en las vidas de muchos otros, y basado en las verdades Escriturales que en breve en este escrito he ya mencionado, nunca podría aceptar como correcta la expresión de: “Yo no predico el Nombre de Jesús, sino a Jesús.” Repito que estoy de acuerdo en oír tal expresión de nuestros hermanos que aun no tienen la revelación del NOMBRE, creyendo y entendiendo a la vez que el día en que ellos reciban la revelación, así como mi Señor lo quiso hacer conmigo hace ya cuarenta años, entonces no van a decir la expresión aludida. Pero el propósito específico en esta ocasión es el invitar a mis hermanos “del Nombre” a que reconsideremos en breve aunque fuere, la importancia y la prominencia del NOMBRE DE JESUCRISTO EL SEÑOR para la salvación. Pues insisto nuevamente que hay peligro de entrar en un desbalance e irse a uno de  los dos extremos. El del radical que no tiene otro tema más que el bautismo en el Nombre del Señor Jesús, y que manda fácilmente al infierno a todo el que no es así bautizado, o el del liberal que entendiendo esta verdad dice la expresión inicial de este escrito.

Es muy cierto que somos salvos por gracia, pero también por fe, también por la sangre del sacrificio del Cordero en la cruz, también por las obras que hagamos en obediencia a Su Palabra y a Su voluntad. Pues como ya explico antes, la salvación no es solamente una acción u operación individual; es un proceso de operaciones y acciones, tanto de parte de Dios como de parte del individuo, y nos hacemos daño al negar el valor de alguna de ellas. Y el negar la prominencia cardinal que EL NOMBRE DE DIOS tiene, cuando de invocarlo en el sacramento bautismal se tratare, sé de seguro que le va a quitar una bendición muy especial al cristiano que así lo hiciere. Pero aun mas, sé que podrá serle causa de maldición al cristiano que entendiendo lo que aquí ya explicado, y obstinado, por orgullo
o por necedad, se negare a aceptar la verdad de lo ya antes señalado.

Para concluir mi presente comentario deseo describir una sencilla ilustración para enfatizar la importancia suprema del NOMBRE: El cheque de banco que le dio un padre a su hijo, es de los más ilustrados y bonitos que se extienden. La fecha está también correcta. La cantidad de dinero indicada en la línea correspondiente es bastante considerable, y el hijo se siente muy feliz y agradecido con su padre por ese cheque. Ese cheque implica el suficiente capital para hacer varias transacciones financieras, tanto de compras como de otros tipos de negocios. Todo esta perfectamente en orden, exceptuando un “problemita” que se presenta cuando aquel hijo va al banco, y donde después de identificarse correctamente se encuentra con la sorpresa de que el cheque esta firmado no con EL NOMBRE de su padre, sino sencillamente así: “Tu padre que te ama mucho.” Lo demás de la parábola creo que lo puede entender muy fácilmente mi hermano lector, como también la idea que trato de poner en su mente.

El Dios eterno, el Dios de la gloria, el Dios que no solamente puede salvar sino que Él mismo se autodenomina “el único Salvador,” es quien por gracia y por todos los demás factores ya antes explicados, ha querido hacernos participantes de Su Salvación. Pero la verdad declarada a todo lo largo de Libro Santo, mayormente en su ultima parte que conocemos como el Nuevo Testamento, nos dice sin lugar a equivocarnos que al Padre le ha placido el depositar todos los tesoros de su salvación y de sus promesas, en UN NOMBRE que hace ya casi dos mil años que ha sido revelado al mundo.

Mucho se ha dicho y escrito en forma positiva sobre este nombre misterioso y de poderes sobrenaturales. Mucho también se ha escrito por otra parte, queriendo descreditar y deshonrar ese NOMBRE. Pues el infierno sabe mejor qué tanto puede ganar cuando consigue hacer precisamente esto último en la mente del humano, aun del mismo cristiano. Y así, cual una imponente y monumental roca en medio del embravecido mar, el NOMBRE “que es sobre todo nombre” sigue siendo hasta el día presente la simbólica Roca Inconmovible de salvación, de todas las edades. Por tal razón esta ya escrito que, “JESUCRISTO es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.” Heb. 18:8)

A ese Nombre Supremo y Maravilloso de Dios se refirió el profeta Zacarías (14:9) cuando declaró diciendo: “ Y el Señor será Rey sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será uno, y uno Su NOMBRE.” Así que los santos que permaneciéremos despiertos a las verdades aquí referidas, vamos a seguir honrando y poniendo en alto sobre todas las cosas, EL NOMBRE SUPREMO DE DIOS, JESUCRISTO EL SEÑOR. Vamos a seguir a la vez usando el poder maravilloso y sobrenatural que el Señor ha querido darnos por medio del uso  y la invocación de SU NOMBRE.  El Dueño de ese NOMBRE es maravillosamente ambas cosas: Amor, y fuego consumidor. Es el Todopoderoso. Y a Él le ha placido que su Nombre, JESUS EL SEÑOR, no tenga menos valor que el mismo que lleva ese Nombre.

Para concluir quiero agregar algo sobre lo que he insistido bastante precisamente en estos últimos tiempos y esto es, el que no usemos (especialmente nosotros los Latinos entre quienes prevalece esta mala costumbre) el Nombre del Señor irrespetuosamente como comúnmente entre nosotros se hace. Al referirnos a Él no le honramos al decir, “Jesús para acá, y Jesús para allá.” Jesuses (en español) hay muchos, pero JESUS EL SEÑOR no hay mas que uno, y es el Nombre Supremo de nuestro Salvador y Dios. Todo el que profesare tener el Espíritu Santo va a llamar a JESUS, SEÑOR, pues esta escrito: “Por tanto os hago saber, que nadie hable por Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús. Y nadie puede llamar a JESUS, SEÑOR, sino por Espíritu Santo.” (1 Cor. 12.3)

La Gracia es por Su Nombre. La fe es en Su Nombre. La sangre la derramó el que lleva ese Nombre. El Libro Santo ensalza Su Nombre. El Espíritu Santo es dado para que glorifique el Nombre. El mismo Dios de la gloria vino a este mundo para manifestar Su Nombre. El perdón de los pecados es por Su Nombre, porque JESUS EL SEÑOR es el Nombre del Padre, es el Nombre del Hijo, y es el Nombre del Espíritu Santo. ¡Bendito Tu Nombre, SEÑOR JESUCRISTO!

Un Consejo y Una Invitación Los que hemos sido privilegiados de alcanzar por gracia de Dios la revelación aquí explicada, o sea la suprema importancia del Nombre de Dios ( Jesucristo el Señor)  para la salvación en el bautismo, nunca debemos usar esta revelación para despreciar y mucho menos condenar a los Cristianos que no la hubieren recibido. Antes debemos de recordar siempre el consejo del Apóstol Pedro (1ra 3:15) que por el Espíritu Santo nos aconseja diciendo que debemos “estar siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” Mas a la vez debemos sostener con firmeza y convicción de Dios el valor de la revelación recibida y no negarla en ninguna circunstancia ni por ninguna razón, antes estar prevenidos y dispuestos aun a “ser aborrecidos de todos por causa del Nombre.” Inclusive de parte de nuestros mismos hermanos Cristianos que así lo hicieren con nosotros (Léase Isaías 66:5).

Si tú, mi estimado hermano lector, estas contado en el numero de los que hemos alcanzado ya el privilegio de haber sido bautizados en el maravilloso Nombre de Jesucristo nuestro Salvador y Dios, no te gloríes humanamente en ello antes por lo contrario. Con temor y reverencia démosle gracias tú y yo continuamente al Señor, recordando que tenemos un precioso tesoro que no todos nuestros hermanos han alcanzado. No seamos de los que en su vanidad religiosa y  en su orgullo dogmático se jactan en ello, y movidos así por una crasa ignorancia espiritual condenan y mandan al infierno a todos los que no han podido aun entender el misterio aludido.

Si tú eres, en cambio, mi estimado hermano Cristiano lector, uno de los que aún no había entendido el profundo misterio de la maravillosa revelación sobre el Supremo Nombre de Dios, que aquí he explicado, espero que lo escrito pueda serte de ayuda espiritual. Pues creo que tu podrás entender que el intento de mis letras no es para despreciar ni mucho menos condenar a nadie, sino afirmar el sentir de los que ya entendieren lo dicho, y ayudar para que alguien que no lo había podido comprender, pueda por lo escrito y la iluminación del Espíritu Santo entenderlo. Si el Señor habla hoy a tu corazón y como uno de sus hijos quien ya le sirve, determinares el ser bautizado en el “Nombre que es sobre todo nombre,” seria mi gozo inefable. Mas si fueres alguien de quien yo nunca supiere, de todas maneras mi Dios lo sabrá y el gozo en el cielo seria el mismo. Dios os bendiga en Su Nombre, amados.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 51  No. 18 –  Octubre 2012. Pág. 1, 5, 6, 7 y 10).

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