Jerusalem, Ciudad Amada (Parte 2 de 2)

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

La Tierra Santa existe, la raza Judía vive, y la Ciudad de Jerusalén es una realidad hoy. ¡Gracias a Dios por estas pruebas físicas y materiales, de la veracidad de sus mensajes espirituales! Invito al lector para que, usando su mente, se profundice y considere conmigo las siguientes maravillas y tremendos razonamientos. El Dios Todopoderoso es quien ha creado el inmenso y vasto universo, integrado por billones y billones de galaxias, compuestas a su vez por billones y billones de estrellas como nuestro sol. El es quien ha creado todos los cuerpos celestes que cubren el infinito espacio sideral incluyendo los planetas hoy conocidos entre los cuales está esta tierra. Es éste planeta, nuestro mundo, que al Divino Hacedor le plació preparar para crear y poner en él a un ser especial hecho “…a Su Imagen,” al hombre.

Entre esta humanidad, decidió Dios escoger un número selecto para formar un pueblo para Sí, los integrantes de cuyo pueblo los llama, Sus Hijos. Mas precisamente para hacer ese trabajo selectivo, lo cual lleva ya un proceso de seis milenios, quiso Dios primero escoger un lugar específico sobre la faz de la tierra. No escogió ninguna de las bellas regiones donde cual hermosos paraísos existen entre los continentes, sino que escogió la tierra de Canaán y la hizo “Tierra Santa.” Llamó a su tiempo a un hombre, Abraham, y de su simiente natural formó la nación de Israel diciendo: “Este pueblo crié para mí, mis alabanzas publicará.” (Isaías 43:21) Y en esa tierra, para ser habitada por el Pueblo escogido, escogió a su tiempo una ciudad, Jerusalén, y allí manifestó Su Gloria.

El proceso de selección ya mencionado tenía que seguir su debido curso, pues en los planes del Eterno estaba el agregar de entre los Gentiles a “otras ovejas” que por derecho no teníamos parte en el rebaño original. El escenario estaba ahora preparado: La Tierra, El Pueblo, La Ciudad y el Primer Pacto estaba ya en vigor. Ahora el mismo Creador, “tomando forma de siervo,” vino a la Tierra Escogida, tomando humanidad de entre el Pueblo Escogido, confirmó el Segundo Pacto con su muerte y su resurrección en la Ciudad Escogida. En Jerusalén, Ciudad Amada, fue establecido hace ya casi 20 siglos, la Iglesia de Dios. La Iglesia del Señor, la que El llama Mi Iglesia.” Se cumplió así lo profetizado que “…saldrán de Jerusalén aguas vivas.” (Zac. 14:8)

De esas “aguas vivas” que han vertido de Jerusalén, hemos sido lavados hasta hoy multitudes de inmundos, que como miserables gusanos, llenos de suciedad nos arrastrábamos por el lodo del pecado. De Jerusalén ha salido el Libro de libros por conocimiento del cual ahora muchos somos dueños de las “…preciosas y grandísimas promesas” eternas de Dios. (2 Pedro 1:4) ¿Será posible ignorar a Jerusalén? Por casi 20 siglos la Ciudad Amada estuvo “…hollada por los Gentiles.” (Luc. 21:24) Mas hoy, en cumplimiento de una de las más grandes profecías anticipadas en el Libro Santo, Jerusalén está en posesión nuevamente de sus dueños originales: El pueblo Judío. El Estado Israelí es hoy nuevamente la prueba palpable y visible de la autenticidad del Libro Santo, La Biblia. Jerusalén es hoy nuevamente, ante la oposición casi universal de las naciones, la Capital de Israel.

En esa función está hoy cumpliendo otra de las grandes profecías de los últimos tiempos. “En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Adadrimón en el valle de Megido. Y la tierra lamentará, cada linaje de por sí; el linaje de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de la casa de Nathán por sí; y sus mujeres por sí; el linaje de la casa de Leví por sí; y sus mujeres por sí; el linaje de la casa de Simei por sí; y sus mujeres por sí; Todos los otros linajes, los linajes por sí, y sus mujeres por sí.” (Zac. 12:11-14). Tenia que ser lo que hoy es para cumplir lo citado. Mientras estaba “hollada por los Gentiles” no era posible que esto se cumpliera. Lo que resta y lo que falta, lo que tiene en su plan Aquel quien ha escogido y ama a Jerusalén y dice: “He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de Mí están siempre tus muros” (Isaías 49:16).

Los Cristianos Unitarios sabemos que la doctrina de la Trinidad, que enseña que Dios es tres personas distintas, no existe en la Biblia. Sabemos en cambio que Dios es Uno y que así lo declaró al Pueblo escogido: “Oye Israel, el Señor Nuestro Dios, el Señor Uno es” (Deut. 6:4). Sabemos por lo tanto que cuando Dios “visitó al hombre”(Sal.8:4), lo hizo en su manifestación en carne (1ra. Tim. 3:16) “Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando con sigo al mundo” (2da. De Cor.5:19). Sabemos bien entonces que Aquel que vino, no era “la segunda persona de la Trinidad”, sino el mismo y único Dios de Israel cumpliendo sus maravillosas promesas de salvación anunciadas muchos siglos antes ya por Sus Santos Profetas. Pues inclusive uno de ellos declaró el Misterio de la manifestación de Dios en carne diciendo: “He aquí tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel que salvas,”(Isaías 45:15) y, “del Misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo” (Col. 2:2) dijo también: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”(Isaías 9:6).

Su primera venida, la hizo el Dios Eterno, “El Santo de Israel”, viniendo a Jerusalén, la Ciudad Amada. Estando aquí prometió que regresaría en su Segunda Venida Gloriosa, (Hechos 1:10-11) y esta será otra vez en Jerusalén la Ciudad amada. La Ciudad de Dios, La Ciudad del Gran Rey. ¡Oh Jerusalén, Ciudad escogida de Dios, cuán privilegiada eres tú! Ciertamente que hay muchas otras ciudades distinguidas y hermosas en el mundo, pero tu lugar ¡Oh Jerusalén, Ciudad amada, es lugar único! ¿Qué puede igualar la hermosura espiritual que en ti, y solamente en ti, ha querido depositar el Creador del Universo entero? Eres piedra y polvo ciertamente, como todas tus demás compañeras, pero en tus piedras y en tu polvo al Hacedor tuyo, el Hacedor de todos los mundos, le ha placido visitar a los mortales.

Tus calles y tus muros al Eterno le ha placido que fueran testigos mudos de la Salvación que El ha traído para los humanos pecadores. En tus montes santos, ¡Oh, Jerusalén! al Infinito y Eterno  Rey de la Gloria le ha placido manifestar a este mundo Su Gloria. “¡Oh, si me olvidare de Tí, Jerusalén!” (Sal.137:5) Hoy ciertamente apareces humillada ante los ojos de un mundo que te desprecia, porque envidia lo que te ha dado Dios. Hoy tu rostro está aún cubierto con el velo de la rutina humana común, por el cual muchos de entre tus mismos hijos no pueden alcanzar a distinguir la gloria de tu divina misión. Pero el día está cerca ya, ¡Oh Jerusalén, Ciudad Amada! El que te escogió, el Dios de los cielos, el Mesías que tu Pueblo Israel espera, Jesucristo el Señor de Gloria, cumplirá lo que ha prometido acerca de ti, y serás literalmente la reina de las ciudades de la tierra. Pues en tu seno estaránuevamente, en todo su esplendor y gloria, el Templo del Rey de los santos, el Templo del Altísimo.

En tu seno estará el Trono del Rey de Reyes y Señor de Señores, el Trono del Juez Justo, quien con equidad y suprema justicia juzgará y regirá las naciones de la Tierra y nosotros, los hijos de Dios, ¡Oh Jerusalén!  reinaremos con El desde allí de tus muros. ¿Cómo sería posible el ignorarte o tenerte en poco Oh Jerusalén Ciudad Amada? Si Dios te ha escogido, para su pueblo tú eres preciosa diadema. Eres un especial tesoro. ¡Cuánto te amo Oh Jerusalén! Si Jerusalén, la Ciudad escogida de Dios, consistiera solamente de paredes y de muros fríos y solitarios, ciertamente su gloria sería nula. Pues estamos conscientes de que la vida y la verdadera gloria de cada ciudad la constituye su elemento humano.

Nunca pudiéremos pues, decir de la Ciudad Amada lo que hemos dicho, si sus paredes fueren paredes solitarias y sus muros, muros abandonados. La vida y la gloria actual de Jerusalén consiste por tanto también en sus habitantes genuinos. Fue despojada de ellos, ciertamente por casi 20 largos siglos, pero las Palabras del Eterno se han cumplido delante de nuestros propios ojos y hoy, las calles de la Ciudad Amada vibran con la vida del Pueblo escogido que ha regresado a la Tierra Prometida. Hoy en el “Muro de los Lamentos” se oyen también cánticos de alegría y se bailan danzas de júbilo.

En los rostros del Pueblo Judío, aún en medio de grandes problemas nacionales y mundiales y de las amenazas mortales de sus implacables enemigos se ve el gozo radiante que en Israel ha producido “La Aliya” (el Retorno). La risa de sus niños en las calles y en los parques de la Ciudad Amada, como también la aglomeración de las familias de Israel visitando el sepulcro del Rey David en el Monte de Zión, hacen que vibre la vida en la Ciudad de la Biblia. Para finalizar mi presente disertación, invito al lector que no se había detenido para saber más de Jerusalén, para que hoy principie a hacerlo. Para que si no ha amado a la Ciudad de Dios por razón de que no lo entendía, o sencillamente porque no sabía que debía amarla, ahora empiece a hacerlo. Si no había pensado en hacer un esfuerzo material para ir a la Tierra de Israel y estar en la Ciudad de La Biblia, le invito para que ahora empiece a pensarlo.

Muchos ciertamente van a Jerusalén solamente con un sentir netamente turístico, y esa actitud no beneficia espiritualmente. Pero no es así para el cristiano de convicción profunda. Pues este, al poder visitar la tierra y la Ciudad Amada, lo hace con una devoción nacida de un corazón agradecido sabiendo que el Libro Santo que le ha dado la vida espiritual que ahora él o ella tiene, ha salido de Jerusalén. Mi consejo es que nunca digas como el cristino del relato inicial: “yo no tengo nada que ver con Jerusalén”.

Recuerde que el hablar así es demostración de una ignorancia espiritual profunda. Quien así lo hace ofende a Dios y se hace daño así mismo, pues Jerusalén no es especial porque alguno de nosotros lo humanos lo ha propuesto, sino porque el mismo Creador del Universo así lo determinó. Inclusive no dudes, como la hermana sincera pero ignorante, que preguntó diciendo, ¿Entonces Jerusalén existe? Recuerda que la Tierra Santa, el Pueblo escogido, y la Ciudad Amada son tan reales, visibles y tangibles, como la tierra, la gente, la ciudad o pueblo o rancho donde tú vives.

Nunca olvides tú, cristiano verdadero, que el origen y las raíces de tu fe y de la Salvación que hoy profesas en Cristo Jesús Señor Nuestro, “Viene de los Judíos”(Juan 4:22), y por lo consiguiente viene de Jerusalén. Viene de la Ciudad Amada de Dios, Amada entrañablemente por su Pueblo Israel, y amada también por Su Iglesia entre los Gentiles. Pues recordemos siempre que es el mismo Altísimo Dios, Creador del Universo entero, quien dice de Jerusalén: “He aquí que en las Palmas te tengo esculpida: delante de Mí están siempre tus muros.” (Isaías 49:16).

Por tanto, “Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella todos los que la amáis: llenaos con ella de gozo todos los que os enlutáis por ella: para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que ordeñéis y os deleitéis con el resplandor de su gloria. Porque así dice el Señor: he aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las gentes como un arroyo que sale de madre; y mamaréis, y sobre el lado seréis traídos y sobre las rodillas seréis regalados. Como aquel a quien consuela su madre así os consolaré yo a vosotros y en Jerusalén tomaréis consuelo” (Isaías 66:10 al 13).

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 47  No. 18 –  Octubre 2011. Pág. Pág. 6, 7 y 8).

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