Sacando Agua de las Piedras

Seguimos buscando y deseando conocer al Maestro mas de cerca por medio de los escritos bíblicos y las explicaciones dotadas divinamente a nuestro pastor anciano Efraim Valverde, Sr. Encontramos que por medio de ellas podemos profundizar mas en las Sagradas Escrituras y vemos en verdad lo dicho por el Maestro: El Señor Jesucristo, quien dijo: “Las Palabras que Yo os he hablado son Espíritu y son Vida” (Juan 6:63).

Hoy en día muchos conocen solo la letra pero ignoran por completo el Espíritu y la Vida que en ellas se encuentran. La evidencia mas fuerte de que la vida de las palabras vivas están en el hijo de Dios, es la forma de vida del que ha sido llenado por esas Palabras vivas que saltan para vida eterna (Juan 4:14) en el interior. Que bueno es saber que todavía hay personajes como Moisés que tienen de Dios el poder para hacer que aun de las piedras brote agua en medio del desierto, rodeados de gente que reclama conocer a Dios pero que sus quejas identifican su falta de confianza en el Todo Poderoso. Dice el Salmo 84 versos 5 al 7: “Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de Baca le ponen por fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de fortaleza en fortaleza, verán a Dios en Sión”. Esto me dice que los que extraen fuerzas de la fuente divina por medio de la Palabra de vida y que a raíz de ello caminan en las sendas antiguas (Jeremías 6:16), serán puestos como conductos por los cuales desciende el agua de vida (Isaías 55:1) para saciar la sed de los que no saben sacarla de los pedregales. Sacarla de los ríos o de los canales no es difícil, pero de las piedras (las cuales representan los problemas y dificultades que Dios permite que lleguen a nuestra vida) solo el que camina en las sendas antiguas y que se fortalece en Su Palabra (Isaías 40:31) lo puede hacer.

Así como Esteban estando frente a las piedras literales y simbólicas de aquellos que le mataron apedreándole, antes de su muerte vertió agua de vida en su sermón y testimonio de firmeza (Hechos 6:8-15, 7:1-60). Porque para sacar agua de las rocas se necesita fuerza sobrenatural, puesto que hay que hablar a las piedras o obstáculos y convertir esas luchas y pruebas en conductos por donde fluya el agua, intercediendo en medio de circunstancias imposibles para el humano. Nuestras propias inhabilidades son piedras de donde se puede extraer agua. Por eso se dijo del mismo Señor Jesús, “¿…de Nazaret puede haber algo de bueno? (Juan 1:46). Porque de la casta alta y educada se espera sabiduría y entendimiento, pero de lo que se ha considerado bajo y despreciado nada se espera, pero cuando eso sucede, es lo que llamamos un milagro.

Dice la palabra de Dios que Él “llama las cosas que no son como las que son” (Romanos 4:17). De Pedro y Juan también se maravillaban las gentes que a pesar de ser hombres sin letras e ignorantes, se reflejaba en ellos una constancia (firmeza, certidumbre, convicción, seguridad), (Hechos 4:13). Pablo dijo de si mismo: “…Porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso” (II Cor. 12:10). Con esto no pretendo decir que todas las experiencias o problemas que vienen a nuestra vida contienen la potencialidad de ser convertidas en una victoria personal, mayormente cuando se trate de sueños de un mero deseo personal, sino más bien lo que con esto hablamos es que Dios nos da el que podamos ver las pruebas como retos a nuestra fe para que podamos ir “de aumento en aumento” (Proverbios 4:18) hasta llegar a la certeza que los grandes hombres de Dios obtuvieron cuando se trabaron de la fe en su Dios y permitieron por su ejercicio en ella que los transportara a una convicción que impulsa a decir: “Porque yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi deposito” (II Tim. 1:12). “Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom.8:38, 39).

Entonces por medio de las pruebas y el trato legítimo (II Tim. 2:5) que les demos, podemos llegar a niveles sobresalientes en Dios que producen gigantes de fe y seguridad invencible. Pero la condición para que todo esto tenga su cumplimiento es que nuestra “obediencia sea cumplida” (II Cor. 10:4-6). La obediencia implica todo el terreno de nuestro diario vivir. Estamos confiando y sirviendo a un Dios que “habita la eternidad” (Isaías 57:15) y que no está sujeto a tiempo, espacio ni distancia, un Dios que controla la materia. Usemos entonces las situaciones difíciles e imposibles para que nuestra fe sea incrementada en nuestra jornada hacia la tierra prometida y que no muramos (desierto) en el camino por falta de fe que produce murmuración, insatisfacción e incredulidad. Recuerda, si eres hijo de Dios, puedes sacar agua de la mismas piedras, créelo y ponlo a la prueba.

Shalom!

Brother Phillip Nava