Ordena Mis Pasos

“Ordena mis pasos con tu palabra; Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.”
(Salmos 119:133).

Toda nuestra vida se compone de pequeños pasos, que son decisiones que tomamos a diario. Si esas decisiones o medidas no están ordenadas por Dios, no vamos a llegar a donde pensamos que nos dirigimos. Las preguntas que nos ayudarían a saber esto serían son: ¿Quién está dirigiendo nuestros pasos? ¿Nos importa lo suficiente como para saber dónde estamos realmente dirigimos? ¿En dónde estamos ahora viviendo, mentalmente, física y moralmente? ¿Es un lugar familiar o estamos viviendo en una tierra extraña, es Babilonia? (Salmo 137:4).

Babilonia es una tierra de confusión, es una tierra donde la Alzheimer espiritual, roba y mata los recuerdos importantes, valiosos y vitales. ¿Quién habrá de sobrevivir la locura que domina las mentes de este mundo babilónico, donde hay robo descarado y asesinato de primer orden? O sea, de lo más intrínseco del hombre. Sólo aquellos que toman el medicamento todos los días; el medicamento que destruye la enfermedad espiritual del Alzheimer (Fil. 4:08), esta práctica mantendrá igualmente su mente en perfecta paz (Isaías 26:2,3), para saber y no olvidar quién eres, de dónde vienes, el propósito mayor de tu estancia en este mundo y hacia dónde vas.

Hay una frase que el pueblo de Israel siempre mantiene viva y cerca de sus corazones y relaciona estrechamente a este importante tema que estamos tratando y esta mentalidad ha traído orden a los pasos de la vida de muchos de miembros de ese pueblo santo, por cierto que es esa la razón por la cual nunca han perdido su identidad. El refrán de los judíos dice algo así: “Olvidar es el exilio, y el recordar es vivir”.

Cuando nuestra memoria muere, nuestra vida muere con ella. Por tanto, debemos tener orden en nuestros pasos para que no caminemos directamente en el territorio de Babilonia. No nos expongamos a perder nuestra mente, alma y cuerpo.

Por favor, tomate el medicamento, necesitas mente para llegar a casa y no perderte en el camino. Para caminar en el camino de la santidad (Isa. 35:8) es necesario conocer nuestra identidad eterna y para ello necesitamos nuestra mente humana para así examinar los datos bíblicos (Juan 5:39) y caminar con seguridad hacia nuestro hogar celestial. Nuestro amado anciano dijo en un de sus cantos: “Yo le canto a mi Señor con todo mi corazón, yo le sirvo por amor y con toda mi RAZÓN…” Que nuestros pasos sean ordenados por el Divino compañero del camino.

Algo en que pensar y meditar detenidamente amados hermanos.

Shalom!

Brother Phillip Nava, Abril 17-2014