No Existe Nada más Poderoso que la Claridad

“Si no entendemos quienes somos, de donde venimos, a donde vamos y de que estamos rodeados, entonces las dificultades de la vida nos van a agobiar. Mientras mas entiendas –mientras más claro esté tu pensamiento-, más puedes resistir las tentaciones y sobreponerte a todas las pruebas”. Rabino Ezriel Tauber

Al hablar de la claridad en los temas divinos que agudizan el pensamiento del hijo de Dios, está dicho en la bendita Palabra de Dios que para entender las cosas de Dios, se deben examinar con el Espíritu de Dios (I Cor. 2:12-14). Cuando el hombre ha tratado de llevar acabo este ejercicio por medio de su propio entendimiento e intelecto, siempre ha sacado conclusiones erróneas de los mensajes divinos. La mente humana fue hecha por El Creador para tratar con la materia tangible de este mundo móvil (Hebreos 12:27). Al tratar el humano con lo relacionado al mundo invisible, ese ejercicio se tiene que llevar a cabo forzosamente usando la herramienta del Alto y Sublime quien habita la eternidad (Isaías 57:15). Muchos han entrado a las profundidades del río de Dios y han muerto allí por falta de oxigeno divino (Ezequiel 47:3-6), porque allí no trabaja nuestra respiración. Por eso exclamó Isaías estas palabras cuando vio a Dios: “¡Ay de mí! Que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han vistos mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos” (Isaías 6:5). En su experiencia, Isaías profeta tuvo inmediatamente de ver con grande claridad la enorme diferencia entre él, como humano, y El Alto y Sublime Dios.

La verdad y la claridad son sinónimas. El humano durante el tiempo de su existencia en este mundo sigue descubriendo los códigos puestos por Dios en la naturaleza, y en base de ello alcanzan avances tecnológicos, en la medicina y en muchos otros terrenos. Esto lamentablemente les ha traído a la vez una confianza en sí mismos, “y diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos” (Rom. 1:22). También en los asuntos de ciencias divinas, la claridad proporciona avance y continuidad segura hacia nuestro destino final. La Palabra de Dios nos habla del “secreto de Dios” (Salmo 25:14). Nos dice que para conseguir la entrada a ese secreto y hacer alianza con el Omnipotente Dios debe haber un alto grado de temor reverencial hacia Él (Hebreos 5:7), lo cual es el principio de la sabiduría (Job 28:28). Dios pregunta a Job en Su dialogo y reprensión a este hombre justo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? (Job 40:20). Esto nos indica que la sabiduría de Dios en el hombre se identifica en el saber distinguir la voz de Dios cuando nos habla, y guardar silencio y quietud reverencial para escuchar y tratar de entender lo que se le habrá de decir. Por eso dijo también el profeta Habacuc: “Sobre mi guarda estaré y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y atalayaré para ver que hablará en mí, y que tengo de responder a mi pregunta” (Habacuc 2:1).

Los científicos reconocen que sus cálculos tiene que ser reglamentados por las leyes establecidas en la naturaleza, sino es así, ellos sabe bien que sus conclusiones saldrán defectuosas o simplemente no llegaran a conseguir su objetivo. Al profeta Habacuc se le dijo que escribiera la visión (el mensaje) en tablas para que corriera el que leyere en ella (Habacuc 2:2). La versión en ingles dice “ponlo en tablas y hazlo claro”. Sé que una grande mayoría de los lectores de la Biblia se han fijado en muchas explicaciones, narraciones, admoniciones o historias en las Sagradas Escrituras que repiten las cosas varias veces, esto es precisamente para que se entienda claramente el mensaje que se quiere transmitir. Para indagar en la claridad de las cosas de Dios se requiere de la parte de cada hijo de Dios, determinación, una mente analítica e inquisitiva y un deseo genuino y ferviente de recibir información clara y concisa sobre los mensajes de Dios. El pueblo original de Dios: Israel, se ha mantenido enfocado por medio de la claridad de su propia identidad y de su trabajo en este mundo.

Cada profeta de Dios recibió una visión o una experiencia sobrenatural para desaparecer cualquier duda o confusión sobre el mensaje y para que pudieran hacer su trabajo con seguridad y efectividad. A Ezequiel profeta se le mostró la misma gloria de Dios delante de sus ojos. Vio los cielos que se abrieron y delante de sus ojos, ruedas sobre ruedas moviéndose y los serafines visibles adorando al Dios de la gloria. Esa experiencia viva trajo a Ezequiel una seguridad y claridad que afirmó su llamado, quitando toda duda. La claridad que recibió el profeta, la cual trajo orden a todos sus pensamientos y decisiones, tuvo su principio en conocer la grandeza y magnificencia del que lo llamó por profeta. Ezequiel necesitaba esa clase de seguridad y claridad para poder hacer el trabajo que se la había encomendado, pues se le dijo: “Mas la casa e Israel no te querrán oír, porque no me quieren oír a mí; porque toda la casa de son tiesos de frente, y duros de corazón. He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra el rostros de ellos, y su frente fuerte contra su frente” (Ezequiel 3:7,8). Estos símbolos de rostro fuerte y frente fuerte representan una seguridad inconmovible que era necesaria en el profeta para poder mantenerse en el curso de su llamamiento. Siguiendo con nuestro tema, veamos que en el mundo en que vivimos, los expertos en ciencias biológicas se han metido a escudriñar lo profundo de la hechura del ser humano a tal grado que han empezado a borrar las líneas divisorias que identifican las diferencias entre los animales y los humanos.

Esta rareza tiene que ver con el intento atrevido de los científicos de esconder la clara realidad que Dios puso en las partículas microscópicas de Sus criaturas. El deseo de estos hombres “sabios” es el de tratar de encontrar todas las similitudes posibles entre el humano y el animal para de esa forma borrar la línea divisoria en los mismos y así instalar los nuevas ideologías ajenas a los preceptos divinos y con ellos desacreditar. Ellos saben que al hacer esto y estructurándolo en tal forma que sea creíble y aceptable- el paso siguiente sería el borrar a Dios de las mentes de los que ponen toda su confianza en estos eruditos de la materia, cuyo entendimiento carece luz espiritual para entender lo espiritual e intangible que mueve la materia y que en el humano es lo que lo hace diferente a los animales. Aunque somos considerados parte del reino animal, lo que traemos dentro de nuestro cerebro comprueba que somos hechura a la semejanza de Dios.

Como hijos de Dios no debemos entonces conformarnos con la sombra, lo cual equivale a la duda o inseguridad, sino busquemos la claridad. Si nuestra vista estuviere ofuscada por neblinas de sombras que esconden la luz, digámosle al Maestro como dijo aquel ciego que estaba cerca del camino, quien al oír el bullicio de la gente preguntó el porque de tanto ruido. Alguien le informó que (el Señor) Jesús se acercaba e inmediatamente entendió que esa era su oportunidad de ser sano de su ceguera y empezó a alzar su voz y clamar: “Jesús hijo de David, ten misericordia de mí” (ya que nadie lo quiso llevar hacia el Maestro). El ciego Bartimeo quería ver. También nosotros debemos buscar el ver claramente el camino por donde vamos y ir entendiendo lo que nuestro Maestro nos habla mientras caminamos en las sendas antiguas (Jeremías 6:16). Hemos tenido la grande dicha de tener a nuestra disposición material que nos ayuda a entender los decretos divinos que fueron declarados a un hombre de Dios: Nuestro pastor anciano. Las pruebas indubitables de que estas aclaraciones son validas y poderosas están en la misma reacción del averno. Pero la Palabra en sí es la mayor y más poderosa prueba de ello.

Shalom.

Brother Phillip Nava, Agosto 28 de 2014