La Paz que Destruye la Inquietud y Pacifica la Mente

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en el Cristo Jesús” (Fil. 4:7)

Esta paz no cae sobre nuestras situaciones que necesitan atención y cambio. No viene cuando gritamos a todo pulmón, en nuestra desesperación: ¡Ya no aguanto esto! Esos gritos no generan paz. La paz duradera viene cuando nos sentamos en la mesa del Príncipe de paz y disertamos sobre la causa y los detalles que trajeron o produjeron tal o cual situación.

Cuando aceptamos las continuas invitaciones de nuestro Melquisedec (Heb. 7:1), cuando nos dice “venid luego y estemos a cuentas” (Isaías 1:18) y aún cuando no llegamos a Su casa y viene Él a la nuestra y nos dice: “He aquí, que yo estoy parado a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20), es hasta entonces cuando empezamos a experimentar y establecer esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano.

Todo lo que nosotros tratamos de formular y negociar con nuestros propios pensamientos, con el fin de conseguir la paz, es fútil, porque mientras no haya paz en nuestro entendimiento, lograda por el que dijo: “La paz os dejo, Mi paz os doy: no como el mundo la da, Yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27), nada fuera de esa paz verdadera es genuino, lo que el mundo y nuestros propios esfuerzos ofrecen son solo como curitas en heridas que necesitan una cirugía divina.

Estar en paz con Dios vale más que la vida misma, más que salud física, más que tesoros terrenales, más que felicidad humana y más que cualquier seguro, porque sobrepasa este mundo y está conectada con la eternidad. Consíguela hoy mismo, haz las “pases” con tu Creador, necesitamos esa paz para entrar a Sus atrios con confianza y acción de gracias (Salmo 104:4).

Shalom!

Brother Phillip Nava Julio 17, 2013