¿Es Israel el Pueblo de Dios porque lo Merece?

¿ES ISRAEL EL PUEBLO DE DIOS PORQUE LO MERECE?
Deuteronomio 7:6-8

Al decir que amamos al pueblo de Israel, no lo decimos porque ignoramos sus problemas y defectos humanos. Si Dios, quien los creó los conoce mejor que nosotros, los estableció como Su pueblo y hizo pacto con ellos con los cambios en los elementos como garantía de Su promesa a Israel: “Así ha dicho el Señor, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte la mar y braman sus ondas; El Señor de los ejércitos es su nombre: Si estas leyes faltaren delante de mí, dice El Señor, también la simiente de Israel faltará para no ser nación delante de mí todos los días. Así ha dicho El Señor: Si los cielos arriba se pueden medir, y buscarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la simiente de Israel por todo lo que hicieron, dice El Señor (Jer. 31:35-37). ¿Quiénes somos nosotros los gentiles para decirle a Dios, con nuestros argumentos contrarios (que se pueden orillar al antisemitismo), que se equivocó al escogerlos?

Al aceptar nosotros su posición como pueblo de Dios lo hacemos con plena convicción, basada en las Sagradas Escrituras. Las páginas de dicha autoridad máxima y absoluta, sobre la vida de toda persona que se identifique como seguidor del Señor Jesús, nos comprometen, nos hace responsables y aún nos ordenan que amemos al pueblo judío. Si alguien quiere usar ejemplos de malas experiencias personales para argumentar, por su experiencia personal que ellos no califican, te invito que pienses que si Dios manifestado en carne los perdonó por que las acusaciones de muchos de ellos lo llevaron a la cruz del calvario y dijo: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes” (Lucas 23:34). Ahora, los apóstoles también estaban claros en este misterio por eso dijo Pablo: “La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria” (I Cor. 2:8).

Aparte de toda esta y mucha más abundante prueba bíblica que verifica lo que hemos creído y seguiremos creyendo hasta que lleguemos al día en que seremos un solo pueblo (Apoc. 22:12,14), algunos hemos tenido el grande privilegio de acercarnos a ellos en una forma mucho más cercana que solo tomar café con ellos. Hemos estado en la Tierra Santa, hemos estado en sus casas, hemos oído incluso a personas árabes, sinceras que viven en la Tierra de Israel, decirnos que ellos viven más seguros y con más futuro bajo un gobierno Israelí, hemos tenido algunos líderes Israelíes en nuestras actividades, hemos conocido personalmente a sobrevivientes del Holocausto- No sé que mas necesitaríamos para convencernos del lugar que el Dios de la biblia les ha dado. Así que lo que hablamos no lo hablamos de un punto de vista ignorante ni lo hacemos con un amor inocente que no sabe a quien respalda y ama y porque. Dice la escritura que “…la caridad no hace sin razón” (I Cor.13:4). O sea el amor de Dios no es un amor ciego o sin entendimiento. Todo esto tiene alcances que tocan más allá del elemento humano, tiene implicaciones eternas.

Algunos también hemos tenido malas experiencias con miembros de esta raza marcada por Dios, pero eso no ha cambiado nuestra percepción de su llamado. Sabemos que por cuanto son un pueblo único entre todas las razas del mundo, Dios es quien en Su sola potestad tiene y sabe lo que va a ser con los que de entre ellos tienen problemas que demandan cierto juicio. Ese no es mi trabajo ni el tuyo. Mi responsabilidad y bendición es de bendecirlos y amarlos como pueblo y las formas que pudiere hacerlo en lo personal. Los que no me dejen acercarme a ellos para bendecirles con mis palabras de aprobación y aprecio, no me desaniman ni cambian mi convicción sobre quiénes son. Aun los que tuvieren un estilo de vida cuestionable, no estoy obligado a dar aprobación a su forma de vida solo porque son judíos, lo que hago es que desapruebo su forma de vida, pero no los maldigo ni los desprecio, mantengo mi convicción fundada en la Autoridad Máxima que me ordena que los ame. En ocasiones hasta he animado y exhortado a algunos de ellos a que regresen al Dios de sus padres.

Está dicho que “lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Mat. 19:6). Dios fue quien unió a Su pueblo en matrimonio con Él y nosotros no tenemos la autoridad para separarlo. “Porque tu marido es tu Hacedor; El Señor de los ejércitos es Su nombre: y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54:5). No nos metamos en los juicios de Dios, amemos a quien Dios nos ha dicho que amemos con el entendimiento de que el Pueblo de Israel también forma parte de la esposa que ve el apóstol Juan en el libros de su revelaciones (Apoc. 21:12). Alguien preguntará, ¿todos los judíos, uno por uno, sin descartar a ninguno? La respuesta a esa pregunta es: “…No toca á vosotros saber…” (Hech.1:7).

Cabe aquí mencionar que la mayoría de los contactos que se han establecido con los miembros del Pueblo de Israel fueron establecidos por conducto de nuestro pastor anciano: Efraim Valverde, Sr. a quien debemos un alto grado de gratitud por enseñarnos a amar al pueblo de la Biblia y porque debemos hacerlo. Damos gracias a Dios también nuestro pastor, Efraim Valverde, III por seguir y aun incrementar esta grande bendición de relaciones, no exteriores, sino interiores.

Tu hermano,
Felipe M Nava\Dic 5 -2012

Shalom