Entendiendo Quién es Dios y Quién Soy Yo

Dios no es un mendigo, nosotros somos los mendigos, sin Su misericordía. Nosotros somos los que necesitamos lo que Él tiene y ofrece. No lo hagas esperar, aunque tiene mucha paciencia; esa paciencia tiene limite. Por eso dijo el Señor desde hace mucho tiempo: “No contenderá Mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne…” (Gen. 6:3).

El amor de Dios es eterno y no se acaba, porque el amor de Dios es Dios mismo (I Juan 4:8), pero no hay que interpretar eso como licencia para vivir y pensar que Dios al final todo lo olvida o todo lo perdona. Su perdón sigue en existencia, pero está dicho por Malaquias: “PORQUE he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho el Señor de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama” (Malaquias 4:1).

Ya por años se ha acomodado en las mentes de muchos cristianos, en estos lugares en que se ha disfrutado la abundancia (Isaías 30:1,2) la falsa idea de que Dios, por cuanto es “todo amor” está sentado en Su trono, esperando la orden o demanda de cada uno de Sus hijos y en el mismo instante viene corriendo para atender aún los antojos de Sus hijos. Que daño a causado esta mentalidad, que se ha convertido en una actitud con la cual se comunica con Dios el cristiano moderno, infectado con este mal. A esta forma erronea de pensar se la agregan un sinnúmero de ideas erradas que llevan cautiva la mente de un respeto a un mente que piensa que merece lo que tiene, ideas que convierten la Gracia en desgracia en las vidas. Se va el Temor, el limpio entendimiento (II Pedro 3:1). Pasa de ser un hijo agradecido a ser un hijo malagradecido. Y todo esto está muy peligroso porque con esa mentalidad empieza el hijo de Dios a escusar las malas acciones y los malos habitos en que empieza a vivir.

Dios sigue buscando de entre Sus hijos que se han retirado de Su reprensión de amor y de castigo para edificación (Heb. 12:6-9) y dice el Maestro, el Padre: “DISCURRID por las plazas de Jerusalem, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas si halláis hombre, si hay alguno que haga juicio, que busque verdad; y yo la perdonaré” (Jer. 5:1).

Acomodemos las cosas en su orden propio para no caer en confusión y ser llevados presos con ideas falsas de quien so yo y quien es Él. No nos aprovechemos de Su bondad, de Su amor, de Su ternura. Recordemos que Él es el Dador, nosotros los que recibimos. El temor es de suma importancia en nuestro caminar con el Dios Todopoderoso, El Altísimo, el Gran Yo soy, El que llena la eternidad, El me llena de favores…….

Shalom!

Brother Phillip Nava, Junio-11-2013