El Lavatorio de Pies

“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis” (Juan 13:14, 15, 17).

Este sacramento fue instituido por el Maestro con sus discípulos más cercanos, como lo fueron Sus apóstoles. Pero cada claro que también nosotros tenemos acceso a esa bienaventuranza, si seguimos el ejemplo del Señor y Sus apóstoles.

La observación de este acto representa un espíritu de humillación requerido por el Señor en Su Iglesia. Es algo que prueba nuestra obediencia de bendecir a nuestro hermano/a con lavarle sus pies y pedir la bendición del Eterno Dios sobre su vida y su casa mientras lo hace. El sentir con que se hace es lo que le da el valor. Como todo lo demás que hacemos cono hijos de Dios para servicio a Dios, lo cual es en sí servir a nuestros hermanos, es requerido el sentir genuino para que se cumpla la bienaventuranza prometida por el Dueño de la Iglesia.

Por medio de este acto nos bendecimos a nosotros y bendecimos a nuestros hermanos. Esto también contribuye a crear un ambiente de humildad en la Iglesia. Es de suma importancia el que “haya en nosotros el mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús…” (Fil. 2:2-5). Cuando es una mayoría los que caminemos así en nuestra congregación, podemos causar que Dios derrame bendición y vida eterna (Salmo 133:1-3).

Este acto es uno de los varios sacramentos instituidos para el crecimiento de la Iglesia que no deben dejar de practicar en conjunto, como familia espiritual, para que aun muchos de los hijitos pequeñitos vean, aprendan y gusten de esta bendición al ver a sus padres y madres lavar los pies del uno al otro. Se recomienda que se haga hermanos, con hermanos que quizá no se relaciona mucho, para traer acercamiento filial entre uno y el otro. Las mujeres de igual manera, deben tomar parte en este acto con sus hermanas en la fe. Se debe impulsar a que también se trate de hacer con hermanas no muy cercanas para también destruir cualquier distanciamiento que pudiere haber entre ellas.

Así que como podemos ver, el practicar este acto trae mucha bendición individual como también congregacional. El Señor con Su inescrutable sabiduría estableció este acto para que al practicarse con el sentir correcto y debido, sea cual arma contra la contienda, la arrogancia, los pleitos, las enemistades, las envidias, los celos y lo demás que tiende causar destrucción al amiente sano de una congregación.

Nuestro pastor anciano, movido por Dios, estableció para las congregaciones compañeras una invitación a la práctica de este acto de comunión combinado con el de la cena del Señor. Se alterna cada uno en el primer lunes de cada mes. Un lunes es el lavatorio de pies y el primer lunes del mes siguiente se lleva a cabo la cena del Señor. Les invitamos que lean el libro titulado “Convocación” escrito por el pastor Efraim Valverde, Sr. Allí encuentra mucho más detalle para esto y más prácticas incluidas en esa convocación. Gracias a nuestro Pastor Efraim Valverde, III que sigue impulsando y promoviendo esta importante convocación.

Shalom.

Brother Phillip Nava 6 de Sept de 2014