El Fin de Todo Misterio

June 15, 2011 at 11:21pm

La Palabra de Dios nos habla del día en que el misterio de Dios y de Su Cristo será consumado (Apocalipsis 10 verso 7 y 11 verso 15). Esto nos indica que viene el día en que todas las identidades y manifestaciones de Dios se reducirán a una sola, la cual será Dios. Así como fue al principio antes de ser El Hijo, El Cristo (griego) o El Ungido (Español) El Mesías (Hebreo). Así como dice Juan apóstol en su epístola cuando dice: “En el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios, este era en el principio con Dios” (Juan 1:1,2). En el libro de Zacarías en el capitulo 14 y verso 9 se nos confirma esto cuando nos dice el profeta que: “…El Señor será Rey sobre toda la tierra. En aquel día El Señor será uno y uno Su nombre”.

En este tiempo el Señor todavía se hace accesible a todos los seres creados por Él, empezando con los seres celestiales y los seres humanos por medio de sus diferentes atributos y Sus identificaciones que son en sí vías de acceso al Admirable, Consejero, al Consolador, al Dios fuerte, al Padre eterno, al Príncipe de paz (Isaías 9:6). Al Hijo, que es en sí la parte de ese Ser infinito que se hizo carne y habitó entre los humanos (Hebreos 2:14). Aquel ser de quien fue dicho: “A Dios nadie le vio jamás. El unigénito hijo, que está en el seno del Padre (El Eterno) Él le declaró” (Juan 1:18). Pablo apóstol nos dice en Hebreos 1:1-3 que el Hijo es la misma imagen de Su (La del Padre) sustancia. Esa parte o manifestación del Dios eterno e invisible fue tan tangible, que “siendo en forma de Dios no tuvo por usurpación ser igual a Dios, sin embargo se anonadó a si mismo tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres y hallado en la condición de hombre, se humilló a si mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8). Entonces se hizo accesible y se acercó en tal forma a Su creación humana que permitió ser crucificado en un madero para pagar el precio de nuestra redención y para que por medio de Su nombre, también accesible a nosotros, podamos recibir el perdón de nuestros pecados.

Pero viene el día en que toda esa accesibilidad a Dios llagara a su fin, en el día final, el día de la final (séptima) trompeta. Por eso también nos dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios en el capitulo 15 versos 24 al 28, que viene el día en que el Hijo (la única imagen, el único cuerpo del único Dios) se sujetará al que le sujetó todas las cosas (al Espíritu Eterno) para que Dios sea todas las cosas en todos”. Como lo fue en el principio del tiempo.

Así como Sus hijos que hemos venido a participar de carne y sangre (Hebreos 2:14), en el día de nuestra redención dejaremos de ser: hijos de nuestros padres biológicos, esposos, padres, tíos, primos, sobrinos, etc. etc. Todas nuestras funciones humanas cesarán y entraremos de nuevo al estado eterno en que estábamos antes de venir a participar de carne y sangre. De esto dice Pablo apóstol lo siguiente: “Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado. Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, mas entonces conoceré como soy conocido” (I Cor. 13:10,12).

Seremos entonces conocidos como somos conocidos. Todas nuestras relaciones y funciones en la carne dejaran de ser y regresaremos a nuestra identidad original y singular como Hijos de Dios que fuimos desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), pero entonces con experiencias de haber conquistado esta condición humana y las cosas de este mundo y esas conquistas serán recompensadas con la joyas de piedras preciosas que son en sí las virtudes con que es adornada la ciudad que vio Juan apóstol en el capitulo 21 del libro de Apocalipsis. Dice Juan apóstol que vio la santa ciudad decender como un esposa dispuesta para su marido. Así que viendo las promesas desde ya no muy lejos, creyéndolas y saludándolas (lo cual tiene que ver con el reconocimiento de su existencia) y confesando que somos peregrinos y advenedizos (extranjeros) sobre la tierra (Hebreos 11:13), sigamos entonces caminando y sembrando en la tierra los mensajes divinos que corresponden a este tiempo en que (diferente a los tiempos de Noé), todo mundo reclama conocer a Dios; y tanto “lo conocen” (según ellos), que han formado sus propios arreglos y conceptos doctrinales, torciendo las escrituras para llevar discípulos tras sí (Hechos 20:30).

El misterio de Israel y la Iglesia también llegaran a su fin en ese gran día y los dos pueblos regresaran a formar un solo rebaño como antes que existieran los Israelitas y los gentiles. En ese día todo mundo sabrá y tendrá que aceptar que Israel fue escogido por Dios y que la Iglesia no es una organización religiosa sino un conjunto de hijos fieles de Dios de toda tribu y lengua (Apocalipsis 7:9). En otras palabras habrá de aceptar que nunca tuvo control absoluto ningún hombre sobre las heredades de Dios. No quedará duda de que Dios siempre ha conocido los que son de Él (II Tim. 2:9). Pensemos en que viene el día cuando todo lo que hoy nos es misterio será revelado y lo entenderemos a la perfección, porque está dicho que “cuando Él apareciere seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es” (I Juan 3:2). Esto nos indica que siendo semejantes a Él tendremos las habilidades que Él demostró cuando resucitó Su cuerpo en inmortalidad y después lo glorificó para acender al cielo y estar en forma visible en el paraíso. Las limitaciones que tenemos en este cuerpo mortal serán cosa del pasado; en ese día seremos poseedores de un cuerpo que se mueve a la velocidad del pensamiento.

Que Dios nos ayude para ser fieles en nuestro camino, sabiendo que al final seremos poseedores de grandísimas promesas.

Brother Phillip Nava