El Problema de ser Elegido por Dios

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí…de manera que del que quiere tiene misericordia, y al que quiere, endurece” (Rom. 9:13 y 18). Estando en cierta congregación pregunté: ¿Hace Dios acepción de personas? ¡NO!, dijeron todos. A ésto yo contesté que Dios sí hace acepción en la elección, pues dice: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. Pasé luego a explicar lo que en Rom. 9:10-21 Pablo dice respecto a la forma de elección Divina. Forma que en toda la historia del pueblo de Dios y hasta hoy, no ha variado. Cité luego lo que en cambio el mismo Apóstol dice con respecto al juicio: “Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Rom. 2:11). Concluímos reconociendo que ciertamente Dios NO hace acepción en el juicio, pero SI hace acepción en la elección.

Concientes de esto concluímos entonces que ninguno de los que en verdad han sido “elegidos por Dios” lo han sido por sí mismos, o porque ellos mismos lo hayan pedido. Nunca ha sido tampoco por méritos propios del elegido. La elección ha sido siempre por determinación absoluta del Soberano Dios. Pues Él escoge a quien Él quiere, cuando Él quiere, donde Él quiere, y le da lo que Él quiere. El ejemplo supremo de lo dicho es la elección de Jacob. Ante los ojos de los que ignoran la soberanía de Dios tal cosa aparecerá como una arbitrariedad, más esto es precisamente lo que Pablo nos previene en el verso 20. (Por cierto que cualquier individuo que reclamare ser objeto de la elección Divina en alguna forma diferente, a su debido tiempo el Señor, quien ha dicho “que por sus frutos los conoceréis” (Mat. 7:20), tendrá de dar razón que tal elección no fue de parte de Dios. En tales casos, lo mas común es que la elección ha sido hecha por otros hombres, o que tal individuo se haya elegido a sí mismo.

¿En Qué Consiste Este “Problema”?. La elección auténticamente Divina lleva consigo “un problema”, un estigma doloroso inevitable. Este ha distinguido siempre a Israel como pueblo escogido, y entre el Cristianismo a los fieles elegidos:

“Somos estimados como ovejas de matadero” (Sal. 44:22 y Rom. 8:36). A nosotros como Cristianos entre los gentiles, el Señor Jesucristo mismo nos lo anticipa diciendo: “Seréis aborrecidos de todos por causa de Mi Nombre” (Mat. 24:9). Con éstas, y otras muchas Escrituras más a lo largo de todo el Libro Santo, Dios confirma la existencia de este “problema”. Un problema que en realidad es una bendición disfrazada. Pues mientras el pueblo de Dios milita en este mundo, el Señor ha usado y sigue usando el padecimiento como una marca especial para distinguir a Sus elegidos. (Fil. 1:29).

El principal ejemplo de esto dicho lo encontramos cumplido precisamente en el Pueblo Judío, en Israel quien ha sido formado y elegido por Dios como Su pueblo (Éxo. 4:22). Dios, en Su soberana Voluntad los eligió no porque ellos lo pidieren o lo merezcan, y a consecuencia de tal elección el mundo hasta hoy los aborrece y los estima “como ovejas de matadero”. Por cuatro milenios ya, el distintivo aludido ha sido manifiesto inexorablemente en ellos. Hoy, ante la vista del mundo entero es innegable el hecho de que el Pueblo Judío (en Israel y en la Diáspora) continúa cargando sobre sí esta marca, este “problema”.

A diferencia del Pueblo Judío, donde el “problema” opera como si se tratare de un solo hombre, está la Iglesia donde ésto opera individualmente. Pues Israel ha sido elegido por Dios como nación, como un pueblo en conjunto. En cambio en la Iglesia la elección es hecha por el Señor individualmente (Mat. 22:14). Así que en la vida de cada Cristiano gentíl en quien la elección Divina ha sido genuina y permanente, tendrá invariablemente de operar este distintivo. Pues es a éstos escogidos, quienes aman y sirven al Señor Jesucristo con todas las fuerzas de su ser, a los que de una manera muy particular les está dicho: “Porque a vosotros es concedido por Cristo no sólo que creáis en Él, sino que también padezcáis por Él” (Fil. 1:29).

Concluímos que la elección en Israel fue nacional, confirmada ésta con la Ley dada por Dios para sujetar con ella a toda la Nación Judía. En cambio en la Iglesia la elección es por Gracia. Es una experiencia personal con nuestro Señor Jesucristo, un llamamiento individual de acuerdo con el mensaje del Evangelio. Pero en ambos pueblos hasta hoy, el distintivo que aquí hemos llamado un “problema”, es el mismo. Lo que sufre Israel como una nación por ser elegido de Dios, lo tiene de sufrir también individualmente entre el cristianismo cada creyente fiel. Y más cuando éste estuviere contado entre los vasos elegidos por Dios para ser usados con ministerios especiales.

La Razón Para Este “Problema”

El “problema” aludido implica la existencia de dos clases de gente en el mundo: Por una parte están los que son afligidos, y por la otra están los que causan esa aflicción. Los que son atribulados, y “los que os atribulan” (2da. Tes. 1:5-7).

Están los que son vituperados y perseguidos por causa de la justicia Divina, y los que vituperan y persiguen (Mat. 5:11).

Están los que aborrecen y maldicen, y los que aman y bendicen, los que causan el problema, y los que lo sufren. Quienes causan siempre “el problema” son los que no temen a Dios, e invariablemente los que lo sufren son los escogidos, los que aman y temen a Dios.

Juan describe la extrema diferencia que existe entre estas dos clases de gente en el mundo cuando en forma cortante dice:

“En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1ra. Juan 3:10). Esta declaración está terrible, pues implica vida o muerte. El Cristiano que ésto desestimare demuestra con tal actitud que algo anda mal en su vida espiritual, y que está en peligro de perder el privilegio de su elección o poniendo en duda el que ésta fuere de Dios.

Lo común entre los gentiles es el amar y hacer justicia a aquellos a quien ama. Mas el Señor a Sus escogidos nos ordena que ésto debemos hacerlo a todos, sin acepción de personas; tanto a los que nos amen, como a los que nos maldigan y persigan. Ciertamente que entre un ambiente del propio círculo, fuere familiar o religioso, es fácil amar y hacer justicia. Pero en lo general, donde estuvieren incluídos nuestros enemigos gratuitos, no es fácil el amar y hacer justicia. Allí sólo podrán hacerlo aquellos en quienes está en realidad la plenitud del amor de Dios. Sólo podrán hacerlo los elegidos, lo hijos fieles del Señor.

Juan nos dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo está puesto en maldad” (1ra. Juan 5:19). Inclusive está dicho que “el dios de esta siglo” (2 Cor. 4:4), Satanás, ejerce una tremenda influencia en las mentes de todos los humanos.

(Exceptuando por supuesto a los fieles hijos de Dios, quienes tienen promesa de la protección Divina.) Pues al diablo, como “príncipe de este mundo” (Juan 12:31), le ha sido dada hasta hoy la potestad para incitar a sus hijos para que éstos a su vez aborrezcan y aflijan “al pueblo de los santos del Altísimo” (Dan. 7:27). Inclusive el diablo ha podido usar siempre a muchos entre el mismo pueblo de Dios (como lo hizo con Judas), turbándolos con el odio, la envidia, la avaricia y otros demonios semejantes, para que hagan mal a sus propios hermanos.

Satanás sabe muy bien quienes son y donde están los escogidos de Dios, y nos odia con odio mortal. Y ese odio lo enfoca más intensamente contra los que sirven al Señor con intensidad. Mayormente cuando se tratare de vasos escogidos para ministerios especiales, porque si para todos los elegidos existe “el problema”, con mas razón para éstos últimos. Mientras vivamos en este mundo los verdaderamente elegidos por Dios, tenemos que aceptar el hecho de que vamos a ser aborrecidos por el mundo. Y no sólo por los que no conocen a Dios, mas también por los que no tienen el mismo “sentir que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5). Aquellos que viven “teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella” (2da. Tim. 3:5). Si tu eres un cristiano fiel nunca te ilusionará la idea de vivir aquí tranquilo y el evitar EL “PROBLEMA” DE SER ELEGIDO POR DIOS.

Pastor Efraim Valverde Sr.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39 No. 16- Octubre 2009. Págs 9,12).

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