El Padre se lamenta sobre sus Hijos

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

“Oíd cielos y escucha tú tierra, porque habla el Señor: Críe hijos y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra Mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor. Israel no conoce, Mi pueblo no tiene entendimiento. ¡Oh, gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron al Señor, provocaron a ira al Santo de Israel! (Isa. 1:2-4).

Al leer esta exclamación Divina es fácil que más de alguno piense que esté lamento de Dios es exclusivamente para Israel, especialmente si es un cristiano poseído por el maligno espíritu del antisemitismo. Ciertamente que en el tiempo del profeta, hace ya cerca de dos milenios y medio, la exclamación del Padre fue dirigida a Israel. Pero para este tiempo, cuando la Iglesia entre los gentiles está por cumplir dos milenios, nadie puede negar la realidad de que en la misma forma en que Dios se lamentó (y se sigue lamentando) sobre Sus hijos en Israel, también se ha lamentado y se siga lamentando sobre Sus hijos entre la Iglesia.

Insinúo en algo que me consta ya de mucho tiemp o, tanto entre los pueblos latinos como entre otras razas, y esto es el hecho de que a los cristianos poseídos por el demonio del antisemitismo lo he oído decir y aún enseñar que todas las maldiciones que están en la Biblia son para Israel, para el Pueblo Judío, y todas las bendiciones son para la Iglesia cristiana. Ciertamente son muchos lo que así creen porque en su ignorancia han sido engañados, pero muchos me consta que lo hacen con pleno conocimiento movidos por el espíritu del anticristo.

La verdad es que los hijos de Dios, tanto en Israel como en la Iglesia vivimos aquí en carne. Y las mismas pasiones a que estuvo sujeto en su humanidad el gran profeta Elías (Sant. 5:17), son las mismas pasiones a las que estamos sujetos los cristianos (miembros y ministros) en la Iglesia entre los Gentiles. (Léase Rom. 7:14-25 y 1 Ped. 3:21 y Sant. 4:1-5). Los cristianos que niegan estas verdades y otras Escrituras semejantes, y se justifican diciendo que no tienen pecado son mentirosos, y enseñadores falsos que trastornan a los creyentes sinceros. Si nosotros “dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros” (1 Juan 1:8). Porque el único ser humano en quien hubo una pureza absoluta es Aquel Hombre en el cual Dios se manifestó humanamente (1 Tim. 3:16).

Antes de él, y después de Él, todos los hijos de Dios hemos aquí “participado de carne y sangre” (Heb. 6:14), hemos venido a vivir en cuerpos humanos contaminados con el pecado que recibimos por herencia de nuestros primeros padres: Adán y Eva. Y al ser llevados por tal condición hacemos que se lamente el Padre.

EL LAMENTO DIVINO ES DE
PROPORCIÓN UNIVERSAL

Al profeta Jeremías se le llama: “El profeta llorón”, muy particularmente a razón de su libro llamado “Lamentaciones”. Pues en este libro Jeremías lamenta inconsolable la destrucción de Jerusalem y del Templo mismo. Llora al mirar la Ciudad arrasada, los muros caídos, y el Templo de Dios que en su tiempo fue la gloria de Israel, convertido en la burla de las naciones paganas. Todo ello por causa de que el pueblo privilegiado por ser escogido y bendecido por Dios, olvidó a su Señor y se desvío por las sendas pecaminosas de los hijos de los hombres. El apóstol Pablo nos dice que: “las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas”, (Rom. 15:4) y que (a los Israelitas) “les acontecieron en figura, y son escritas para nuestra admonición”, (1 Cor. 10-11).

La gloria de Jerusalem, especialmente la que prevaleció durante el reinado de Salomón, cayó y fue pisoteada por los enemigos a causa del pecado del pueblo de Dios. Ahora, la gloria de “Jerusalem la celestial” (Heb. 12:22), que es la Iglesia, “la esposa, mujer del Cordero”, (Apoc. 20:9-10), ha caído y ha sido pisoteada por el enemigo a causa de los pecados del profesante cristianismo. Para estas fechas, después de casi ya dos mil años, aquella gloria original que leemos hubo en la Iglesia en sus principios, se ha tornado en una desolación. Las paredes de la ciudad espiritual están derrumbadas, sus muros destrozados, y el “templo Santo del Señor” (Efe. 2:21), la “casa espiritual” edificada con “piedras vivas” (1 Ped. 2:5), se ha convertido en la burla de los Gentiles, de las naciones paganas, y de “las otras religiones”.

Y los únicos que hoy realizan esta triste situación, son aquellos cristianos en quienes está la visión que hubo en Isaías, y el dolor que hubo en Jeremías. El resto del pueblo llamado de Dios en la iglesia cristiana hoy en día, en su grande mayoría no se dan por entendidos de esta triste y lamentable situación. Éstos ignoran voluntariamente o cierran sus ojos y sus oídos al lamento del Padre,  viviendo sus vidas holgadamente “midiéndose a sí mismos por sí mismos” (2 Cor. 10:12), y no conforme a la medida de nuestro dechado supremo (Mat. 20:28).

“Duermen en camas de marfil y se extienden sobre sus lechos, y comen los corderos del rebaño y los becerros de en medio del engordadero. Gorjean al son de la flauta e inventan instrumentos músicos, como David. Beben vino en tazones y se ungen con los ungüentos más preciosos, y no se afligen por el quebrantamiento de José” (Amós 6:4-6).

Con la excepción de los países donde los creyentes en el Señor Jesús están siendo perseguidos, esta es la descripción exacta del ministerio y las membresías de las denominaciones cristianas en el mundo hoy.

EDIFICANDO LOS MUROS
DERRUMBADOS

Los apóstoles fueron usados por el Señor en el principio para “edificar Su Iglesia” (Mat. 16:18), y ciertamente hicieron un trabajo maravilloso edificando el edificio espiritual sobre “la principal Piedra del  ángulo, Jesucristo mismo”. Mas el terreno en que ellos trabajaron era completamente diferente al terreno que ahora prevalece. Ellos edificaron primeramente entre el Pueblo Judío, entre los conocedores de la palabra original de Dios, pues los primeros creyentes fueron en su totalidad israelitas. Luego el mensaje se extendió entre los Gentiles quienes todo lo que conocían era las religiones paganas del Imperio Romano. Así que el cristianismo era una novedad en todos los aspectos.

Hoy, después de 20 siglos de “cristianismo”, el terreno en que tenemos de trabajar los verdaderos seguidores y ministros del Señor Jesús es completamente diferente. El trabajo de los apóstoles al principio fue el edificar “la casa de Dios”, como se edifica una casa nueva. El terreno estaba virgen entonces, y no había escombros “cristianos” que quitar o hacer a un lado. Hoy es exactamente lo contrario. Pues los que tenemos la carga de parte del Señor para reedificar la casa de Dios antes de Su regreso, estamos de continuo expuestos a desorientarnos o a agotarnos en medio de los escombros de “Jerusalem la celestial”. Si para el trabajo de edificar la casa nueva en el principio fue indispensable que el poder del Espíritu Santo poseyera las vidas de los apóstoles, con mucha más razón necesitamos ahora de ese poder Divino sobrenatural para reedificarla.

Pues con nuestras propias fuerzas no lograremos ni siquiera salir del ambiente mediocre y rutinario al que estamos acostumbrados, mucho menos el poder sacar de la confusión a las multitudes de cristianos engañados o desviados en el mundo. Mas el “varón de lienzos, que tiene a su cintura la escribanía de escribano” (que es el ministerio cristiano verdadero del último tiempo), tiene órdenes de pasar “por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y poner una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de las abominaciones que se hacen en medio de ella”, antes que vengan los destruidores” (Ez. 9:2-4). Estos hombres (y mujeres) en cuyas frentes (mentes) está la marca de Dios, son los que sienten hoy dolor en sus almas al oír a nuestro Padre que se lamenta. Estos marcados van a ser usados por El para que, “andando y llorando” (Sal. 126:6), y “con temor y temblor” (Fil. 2:12), caminen entre los escombros y las ruinas de la ciudad asolada, reedificándola para que esté preparada para el regreso del Señor. Este trabajo es monumental.

Es imposible hacerlo con facultades y fuerzas humanas. Pero el Dueño de la Iglesia lo va a hacer con su Espíritu Santo. Descripción de las Ruinas y Escombros Los cristianos que caminan en la carne, y que están adormecidos y satisfechos con sus vidas y sus estructuras religiosas, al leer esto fácilmente van a juzgar que son extremismos y exageraciones. Mas a éstos es precisamente a los que se dirige el Señor cuando exhorta: “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa. Y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Apoc. 3:17).

Hoy en el mundo, en medio de una populación total de cerca de seis mil millones de seres humanos, hay aproximadamente ¿?????? personas que profesan ser cristianos, en una forma u otra. Este número de profesantes cristianos está hoy fraccionado en un número humanamente imposible de describir, y todos reclaman estar bien y tener la verdad. El número de denominaciones y grupos, desde las más grandes hasta las más pequeñas, es incontable, y cada líder y sus adherentes proclaman que su grupo es la verdadera iglesia.

Este mismo cristianismo está dividido y sub dividido y fragmentado por los impulsos contrarios al amor y la justicia como lo son el odio, el aborrecimiento, las intrigas, traiciones, venganzas, ventajas, egoísmos, etc. Los pleitos y las malas voluntades no se reducen solamente a  palabras y el matar con sus lengua, mas en ciertos lugares a matarse físicamente “cristianos con cristianos”. Este mismo “cristianismo”, empezando con el ministerio, está atestado de soberbia y de orgullo, de jactancia, de apariencias y de hipocresía, de malignidades y de acciones que son contrarias a la justicia y a la santidad. Y ¿qué podemos decir de los impulsos carnales, empezando con el sexo? Pues las bancas de las congregaciones, y los púlpitos mismos, están saturados con los adulterios y fornicaciones, y toda clase de depravaciones imaginables.

Recordemos que lo dicho por el apóstol Santiago (1:5) no está dirigido al mundo impío, sino al pueblo que reclama ser pueblo de Dios. y si en aquellos principios los apóstoles hablaban duramente exhortando y reprendiendo a los cristianos de entonces, ¿qué podemos decir ahora nosotros al pervertido cristianismo actual? Nuestro Padre se sigue lamentado, y “los Jeremías” seguimos llorando al ver a “Jerusalem la celestial” asolada. El Esposo ha ordenado a los integrantes de Su Iglesia: “UN MANDAMIENTO NUEVO os doy: Que os améis unos a otros. Como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sóis mis discípulos, si tuvieras amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35). ¿Está el cristianismo viviendo este Mandamiento Nuevo? ¡Muy lejos esta de vivir así! Mas Él viene por SU Iglesia. ¿Cuál es? ¡La que guarda Sus mandamientos!

Las Últimas Señales Indubitables Sabiendo el Señor lo que habría de suceder entre Su Iglesia durante el curso de los siglos, y más particularmente en el último tiempo cuando Su Segunda Venida fuere inminente, nos dejó señales. Señales que no tengo que transcribir aquí por cuanto sé que la grande mayoría de los que leyeren esto son cristianos que tienen el Santo Libro, la Biblia, al alcance de sus manos, cristianos que, unos más y otros menos, han leído u oído las porciones bíblicas en las cuales tanto el Señor como Sus apóstoles nos hablan de las señales de los últimos días. Hoy, al final del siglo XX y de los dos milenios de la edad de la iglesia, ningún cristiano sensato puede negar el hecho de las últimas señales indubitables que están delante de nuestros ojos a nivel universal.

Pues el Señor en su amor y paciencia para con Sus hijos anticipó señales, y ahora las está cumpliendo, para que los que entre Su pueblo han sido adormecidos por el vaho de la serpiente antigua, tengan oportunidad de despertar y no ser hallados en su desvío. A continuación, en forma breve y compacta, enumero algunas de las señales prominentes que especialmente durante el presente siglo han venido cumpliéndose, y que para estas fechas han cobrado una visibilidad y efectos que solamente los retardados mentales y los necios pueden negar. Israel: Lo que por más de 18 siglos fue algo que no pudo creer el mundo, y el cristianismo mismo que sucedería, las generaciones últimas hemos visto cumplirse: El Pueblo Judío de Esparcimiento, hizo ahora ya 50 años que regresó a SU tierra y estableció
el moderno Estado de Israel en cumplimiento de las profecías.

Hoy, la tensa situación en Israel anuncia el fin del Tiempo de los Gentiles. La Ciencia: “Y multiplicaráse la ciencia” (Dan. 12:4). En este breve sentencia el profeta Daniel anticipó algo que para este tiempo es una tremenda realidad. Algo que realmente raya en lo increíble, pero que hoy es cierto, que ha afectado y sigue afectando el curso y todos los aspectos de la vida humana. Las Guerras: Por primera vez en la historia dos guerras mundiales estallaron durante la primera mitad de este siglo. Y la 2da terminando con la detonación de las primera bombas atómicas. Hoy el horrible monstruo de las armas termonucleares, químicas y bacteriólogos, y más armamentos super sofistados, está amenazando con destruir la civilización en una 3ra y última conflagración mundial.

La Naturaleza: Durante los últimos años, a un nivel universal la naturaleza se ha desbalanceado al grado que hoy los terremotos y otras más calamidades naturales están acarreando miseria, sufrimiento, destrucción y muerte en diferentes partes del mundo, afectando hoy aun a muchos de nuestros hermanos en el Señor. Violencia: Exactamente “como en los días de Noe” (Mat.24:37), la violencia ha cubierto la tierra. Operando en todos los aspectos humanos imaginables. No hay lugar en el mundo donde la violencia no esté afectando, en combinación con toda clase de estupefacientes y demás medios satánicos de ruina física y moral. Inmoralidad: los modernos medios de comunicación han producido hoy una ola de inmoralidad de una magnitud nunca antes habida.

La perversión sexual ha tomado un auge horrible afectando no solamente a los adultos y a las juventudes, mas aun a los mismos niños e inocentes en una forma por demás triste y dolorosa. Economía: en estos últimos días el mundo entero se ha sacudido al mirar que la economía, inclusive la de los países más ricos, se ha estado derrumbando en una forma que apenas hace unos cuantos meses los líderes de la Banca Internacional nunca se imaginaban. Esto está provocando ya levantamientos en varios países.  Populaciones: El crecimiento de la populación mundial está amenazando con acabar con los abastecimientos de alimentos y de agua.

Son muchos los países pobres donde el hambre y las enfermedades consiguientes están hoy haciendo estragos. Y los abortos, para “controlar” el nacimiento, son hoy otra horrible maldición. Religiones: Las religiones falsas, el paganismo, y el mismo Satanismo, han estado en estos últimos años brotando como hongos, y creciendo y prosperando como la calabacera de Jonás. En cambio el verdadero cristianismo, ya lo digo antes, esta descuartizado y debilitado, y convertido en la mofa de los Gentiles. Conclusión Con lo en breve dicho, y mucho más, nuestro Dios está llamando la atención a Sus hijos.

¿Quién entre éstos quieren dejarse convencer por el Señor y “negarse a sí mismos”? ¿Quiénes quieren pagar hoy el precio de humillación, de entrega y de obediencia incondicional y para ser usados de Él en aquella forma original y genuina como lo hicieron los apóstoles? ¿Quiénes son ahora “los 300 de Gedeón”, escogido por el Señor mismo para pelear y ser victoriosos en esta última guerra espiritual final, con armas raras que el mundo no conoce? Todo lo que puedo decir delante de mis Dios para concluir este artículo, es que yo quiero estar contado entre el número de los marcados por Dios, no importándome el precio que tuviere que pagar. Sabe mi Señor que así le he dicho y lo que he hecho ya por el medio siglo de mi caminar con Él.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39  No. 3 –  Julio 2006. Págs.  2, 4, 14,  y 18  ).

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