El Mensaje y el Mensajero

(Por Pastor Efraim Valverde Sr)

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Cor. 5”20).

Esta Escritura declara una tremenda responsabilidad que, de una manera muy particular, pesa directamente sobre la vida de cada uno de aquellos que hemos sido llamados de Dios para ser participantes de la suprema vocación como ministros de Cristo. Pues como lo he señalado en escritos anteriores ahora lo vuelvo a repetir, que todas las demás profesiones humanas que pueda haber debajo del sol, que terminan juntamente con la vida del profesional. Mas la vocación del ministerio cristiano –digo “vocación”, porque sostengo lo dicho de que esta es aun más que ‘profesión’- en esta vida solamente principia, para entrar luego a la eternidad. La Escritura habla también muy claramente de ello cuando dice: “Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad”(Dan.12:3).

Este tema es tan amplio como las mismas Escrituras, pues la realidad innegable es y ha sido hasta hoy, por la voluntad del Dios de los cielos, que Su Mensaje esté siempre ligado en forma estrecha con el mensajero correspondiente. Dios pudiera hacer las cosas en forma diferente, puesto que para él nada es imposible. Sus mensajes para la humanidad él pudiera dirigirlos o mostrarlos directamente a cada quien por la operación de su Espíritu que Omnipresente; pero no ha querido hacerlo así. En cambio ha querido usar a los mismos humanos, entre los cuales ha escogido los vasos que le ha placido, para comunicar su mensaje y su voluntad al resto del género humano. Por eso es, por tanto de suma importancia para los mensajeros el considerar el delicado balance que existe entre, “El mensaje, y el Mensajero”.

Creo que con lo poco que he dicho ya, puede mi hermano y mi compañero de vocación tener una idea general de que tan tremenda es la responsabilidad que pesa sobre cada “embajador”. Pues es esta ocasión nuestro comentario es más particularmente sobre la importantísima que existe de guardar el debido ‘balance’ entre el mensaje y el mensajero; pues precisamente de ello ha dependido el éxito de los mensajeros aprobados, y la ruina de los reprobados. Por cierto que en esta ocasión mis palabras van dirigidas mas particularmente, en forma positiva, a mis fieles compañeros en el sagrado ministerio de Cristo para quienes tienen valor mis opiniones y mensajes. Si a algo del aspecto negativo hago referencia en este comentario, es solamente para ilustrar y enfatizar la idea ya anticipada, sobre la importancia del balance entre el mensaje y el mensajero.

En el mundo secular se usa para ilustrar a la justicia, el símbolo de una mujer con una venda en los ojos, y una balanza en su mano con igual peso en ambos lados en un balance perfecto. El desbalance extremo en tal caso tipifica injusticia, y en el tema que nos ocupa la variación es pequeña indicando la justa diferencia entre el mensaje y el mensajero, ya que el mensaje “tiene mas peso” que el mensajero ciertamente; pero por la determinación de Diosel mensajero también tiene “su debido peso”. Cuando el Señor determinó identificarse ante las naciones de la tierra como el Dios Todopoderoso, lo hizo formando una nación que hasta el presente día es el pueblo que tiene un mensaje especial: “Oye Israel: El Señor nuestro Dios, El Señor UNO es” (Deut. 6:4) Por más de tres milenios hasta este día, ese mensaje está ligado estrechamente con el mensajero.

Para dar origen a la nación Israelita Dios quiso primero identificarse en un mensajero al cual llamó de entre las familias paganas y así escogió a Abraham. A tal grado lo distinguió que lo llamó ‘amigo de Dios’, le prometió hacerlo padre de naciones, y aun en el Nuevo Pacto es llamado “padre de creyentes por la fe”. Cuando Dios sacó a Israel de la tierra de Egipto quiso personificar el Primer Pacto en la persona de un hombre, que fue Moisés. Hasta hoy el mensaje de la Ley se identifica en la persona de este mensajero. En la conquista inicial de la Tierra Prometida el mensaje de batalla está ligado estrechamente en la vida del valiente líder de Israel, Josué. De igual manera quiso hacer Dios en el tiempo de los Jueces, cuando en cada vez que libró a Israel su pueblo de las manos de sus opresores, el mensaje de liberación estuvo personificado en un mensajero.

Por la parte de los Profetas de Israel la operación Divina que aquí señalo está aun mas marcada pues hasta el día de hoy, cada uno de esos vasos personifica un mensaje específico. En el tiempo de la Iglesia, de igual manera, para todo creyente familiarizado con la Palabra de Dios, el primer mensaje predicado en el día del Pentecostés está ligado invariablemente en nuestra mente con el Apóstol Pedro. Cuando hablamos del mensaje del amor, nuestro pensamiento lo ligamos inmediatamente con el Apóstol Juan. Lo mismo nos sucede con San Pablo y los demás escritores sagrados del Nuevo Testamento. Y que pudiéremos decir del mismo Señor Jesús, quien es el mismo Verbo de Dios, La Palabra Encarnada, el Mensaje Supremo manifestado en el Mensajero Supremo. Repito, pues, que el Dios Todopoderoso quien pudiera sin problema alguno comunicar sus mensajes a la humanidad directamente por medio de su Espíritu, no lo a hecho así antes mas bien ha querido hacerlo usando mensajeros de carne y sangre.

Lo que hizo antes, lo ha seguido haciendo hasta el día presente y así, en todos los tiempos y lugares ha estado y está usando vasos para presentar su mensaje tanto al mundo como a su mismo pueblo, y la parte nuestra, por supuesto, está también contada dentro del proceso descrito. El Texto básico de nuestro presente comentario nos señala en una forma muy marcada el lugar que como ministros de Cristo tenemos, delante de un mundo que necesita reconciliarse con Dios. Mas aquí precisamente es donde el mensaje que en nosotros, Dios ha querido encomendar, debe de personificar en nuestras vidas. Pues por revelación nos ha mostrado que debemos de ser “embajadores” primeramente entre nuestros mismos hermanos en Cristo, para decirles que no hay sino Una Iglesia, y que para ser parte de ella es indispensable no solamente estar reconciliados con Dios, sino también con todos sus hermanos en el Señor. “Pues es necesario que el juicio empiece por la casa de Dios”.

Digo ya antes que este comentario es de tipo positivo. No es para aquellos ministros que piensan de si mismos que son importantes, que son algo, que son grandes. No es para los que han cometido o están cometiendo la abominable acción de cultivar en las mentes de los que los oyen y les siguen, el culto a la personalidad. No es para los réprobos “que han sido hallados faltos” por cuanto han usado el mensaje Divino como pretexto, y le han dado mas importancia al mensajero que al mensaje. De cierto, de cierto os digo, que ya tienen su recompensa si no se arrepienten de su pecado antes que la oportunidad se les acabe con la vida. Este mensaje es para los hombres de Dios quienes con sencillez, con sinceridad, con humildad y con corazón limpio, han estado y están dispuestos para servir al Señor Jesús y a su pueblo imitando el ejemplo y siguiendo las pisadas de su Maestro, no importando que tan fuerte y pesado sea el precio que tenga que pagar.

Es a estos vasos yo lo sé muy bien, a los que el enemigo ataca diciéndoles que su trabajo no vale nada, o sencillamente dejándolos que cumplan su ministerio pero por otra parte acusándolos en diferentes formas para hacerlos que se desestimen al grado de sentirse infelices y desdichados. Durante los años de mi caminar en el Señor he visto a muchos de estos humildes siervos de Dios, caer victimas de esta operación del enemigo sin mas motivo ni razón que el ignorar el valor que su parte, como mensajeros de Dios, tienen delante de Dios y de aquellos a quienes en su insuficiencia, pero con fidelidad y honradez, han servido o están sirviendo hoy. A estos mis hermanos y compañeros de vocación, el Señor me ha movido en esta vez para que les dirija estas palabras y les diga que ciertamente el mensaje es lo que vale más, porque el mensaje es el mismo Espíritu de Cristo. Pero Dios quiere a la vez que el mensajero sepa que él es también de valor especial para Aquel quien lo llamó.

Por mi parte, lo digo hoy para beneficio de algunos de mis hermanos, que por muchos años yo mismo sufrí siendo victima de la operación que aquí he descrito. Siempre creí que el mensaje de Dios es importante que hay bajo el cielo, pero no hubo quien me ayudara en una forma positiva para poder, durante aquel tiempo de mi ministerio, entender la Escritura que dice que, “nadie tenga de si mayor concepto que el que debe tener”. Pues ciertamente que ese tiempo lo viví en el ambiente de la política religiosa en donde por lo regular opera la astucia, la ventaja, y la rivalidad, y eso contribuyó aun más para que fuera hecho presa del complejo que aquí describo. El trabajo del diablo es desbalancear en forma extrema la balanza entre el mensaje y el mensajero haciendo una de estas dos operaciones: Inflando al mensajero turbado para que piense –conciente o inconscientemente- que él es más importante que el mensaje, o acomplejando al mensajero humilde para su bajarlo y hacerlo sentir que él es un indigno miserable que no cuenta con nada.

Ciertamente que en lo aquí dicho tiene mucho que ver cual fuere el mensaje que le mensajero predicare, puesto que hay muchos mensajeros de error, y no es a esos a quienes aplica “la balanza” del presente comentario. Lo dicho aplica para aquellos que hemos tenido el privilegio de entender el mensaje verdadero que es el Señor Jesucristo mismo. La Unidad del Único y solo Dios, cuyo Nombre es el Señor JESUS. La Unidad de la iglesia de Dios que es solamente Una. La Unidad estrecha que existe entre el Pueblo de Israel y la Iglesia fiel. Las demás verdades y doctrinas del Libro Santo que están conectadas y entrelazadas con los mensajes fundamentales señalados.

Entonces, la combinación perfecta para el balance perfecto en la balanza del mensaje y el mensajero es, el mensaje verdadero pesando más que el mensajero, y el mensajero fiel pesando ‘menos que el mensaje. ¿Por qué es esto así? Porque al Dios de los cielos le ha pacido usar “vasos de barro” para depositar en ellos la gloria de su mensaje, y en curso de esta operación ha querido también honrar al vaso. ¡Que honra tan tremenda! Pero también… ¡Que balance tan delicado! Solamente viviendo con un corazón limpio, y en una humildad genuina delante de nuestro Dios, nos será posible el poder guardar nuestro debido “balance” que es: Ni más arriba, pero ni mas abajo, sino lo que de Dios es.

Termino preguntándote, mi hermano: ¿Cómo está tu balanza? ¿Está en el balance correcto, o está cargada para uno de los extremos? Si tú eres de los que se creen “que son de metal superior”, entonces las palabras de estímulo en este escrito no son para ti. Mas si tú eres uno de los que han sido victimas del complejo aquí explicado, es a ti, mi querido hermano, a quien el Señor me ha dirigido para te diga: Levanta tu frente, considera el maravilloso mensaje que te ha sido encomendado que prediques, y recuerda que el mismo Dios quien llamó a los patriarcas, a los profetas, y a los apóstoles, y los honro personificando elmensaje con el mensajero, ha querido hacer la misma operación contigo y conmigo.

Recuerda siempre el lugar que nos ha dado: “Embajadores en Nombre de Cristo”. Dios te bendiga es la oración y deseo de tu hermano y consiervo en la sagrada vocación del ministerio cristiano, quien ahora es feliz sabiendo el balanceo correcto en la balanza.

(Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39  No. 3 –  Julio 2006. Pág. 3, 5, 16 y 17)

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