¿A Quién esperamos y por qué?

(Escrito por Shlomo Hizak).

Leemos en la Biblia en el libro de Éxodo en el capítulo 17 de una Guerra contra Amalec. “Y vino Amalec, y peleó con Israel en Rephidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones y sal, pelea con Amalec: Mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés estaban pesadas; por lo que tomaron una piedra, y pusiéronla en debajo de él, y se sentó sobre ella: Y Aaron y Hur sustentaban sus manos, el uno de una parte y el otro de otra; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec de debajo del cielo” (Éxodo 17:8-13).

Este fue el trabajo de Dios quien nos ayudó a vencer para continuar nuestra jornada hacia la tierra prometida. Esto sucedió poquito después de nuestra dura experiencia en Egipto. Allí éramos esclavos y con señales y maravillas fuimos liberados de la esclavitud. Cruzamos el Mar Rojo y el temor de nosotros cayó sobre las naciones. Las nubes de gloria nos siguieron en nuestro camino a pesar de que nuestros enemigos nos esperaban para atacarnos.

Esta experiencia nos ha seguido por nuestros 4 mil años de historia. Los Amalecitas se han aparecido en cada generación. Leemos en el libro de Esther: “Entonces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo a Aman hijo de Amadathat Agageo enemigo de los Judíos” (Esther 3:10). Nosotros como judíos recordamos este evento de generación en generación. Aunque muchas generaciones han pasado desde Haman, el descendiente de Amalec, vinieron al rey Asuero quien reinaba en el imperio de Persia y Medos el cual se extendía desde India hasta Etiopia, no ha habido mucho cambio. En nuestros días el Presidente de Irán (Persia) ha dicho que Israel debe ser borrado del mapa y también ha hecho otras declaraciones negando el Holocausto.

De cualquier manera, vemos el milagro de Dios por Su pueblo. Nuestros profetas profetizaron sobre el día cuando las naciones no alzarán espada contra otras naciones, ni se ensayarán más para la guerra (Isaías 2:4). Esta es nuestra esperanza y nuestra expectación después de los muchos años de miseria y derramamiento de sangre que nuestra gente ha experimentado en el basto número de naciones donde hemos sido esparcidos. Fuimos perseguidos y exiliados de un país a otro. Esto es por razón que seguimos el llamamiento y visión de nuestra fe para observar Su Palabra y mandamientos de ser diferentes. Esta es en sí la experiencia de fe de todos los que han experimentado el llamado y amor del Señor.

Gracias damos a Dios que nuestra esperanza y fe en las Escrituras nos han llevado a nuestro destino hace cien años. La Esperanza de Zion para el regreso a Israel fue renacido en el corazón de Europa en 1897 bajo el liderazgo de Teodoro Herzl quien llamó al pueblo por medio de las siguientes palabras: “¡Si tu voluntad está en ello, no es un sueño!” Este sueño se volvió realidad en los pocos años que yo experimenté, empezando el 14 de mayo de 1948 cuando éramos pocos en el país.

David Ben Gurion, el Primer Ministro de Israel, era un judío quien nació en Plonsk, Polonia. A la edad de 14 años fundó el movimiento zionista juvenil en su ciudad llamada “Ezra”. El objetivo mayor de esta organización fue hacer del hebreo el único lenguaje que se hablara por los judíos. Este es el hombre que fue el líder del Moderno Estado de Israel y quien declaró la creación del estado de Israel. Cuando esto pasó todos los estados Árabes vecinos y todo el mundo musulmán se unió para destruir a Israel y arrojar a los judíos al mar.

Recuerdo que difícil fue vivir bajo esa presión, sin surtido de comida y sin agua. Recuerdo también cómo los refugiados judíos de todo el mundo llegaron. Hubo judíos que llegaron de países árabes donde habían vivido por 2000 años. Llegaron judíos de Europa quienes sobrevivieron la segunda guerra mundial y quienes perdieron su tierra y sus casas. Recuerdo cuando llegaron a la tierra y no teníamos casas para ellos, no había caminos ni otras facilidades. Sin embargo, compartimos lo poquito que teníamos.

Ellos vinieron a la tierra de Sion, se asentaron en la fragosidad de la tierra que había sido olvidada por muchos siglos. Todos estábamos unidos en nuestra visión, en la tradición de nuestra fe y defendimos nuestra patria de todos nuestros enemigos. Edificamos nuestro país, trabajamos la tierra en el desierto. Era un milagro que estábamos viendo delante de nuestros ojos. Esto era el regreso de Sión y Jerusalem. “Cuando El Señor hiciere tornar la cautividad de Sión, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se henchirá de risa, y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las gentes: grandes cosas ha hecho El Señor con estos” (Salmo 126:1,2).

Todo esto que ha pasado en nuestro tiempo ha sido confirmación de la fidelidad de Dios. No existen palabras para expresar este hermoso drama de la reunión de nuestra nación en el nuevo Estado de Israel. Son tan diferentes, de todas las naciones pero un solo pueblo. Al caminar por las calles, veía las caras de mi pueblo. Aquí en mi propio país la lengua hebrea, hablada por Moisés, los profetas, El Señor Jesús y sus discípulos volvió a nacer. Cada judío exiliado ha venido con su propia historia y lo hemos ayudado y confortado.

Todos los que han venido a nuestro país han sido bendecidos, puesto que muchos amigos de Sión han venido a consolarla. Este es el tiempo de reconciliación. Ahora las puertas de Jerusalem han sido abiertas para el pueblo Judío. Esto es el cumplimiento de la Palabra de Dios. Los descendientes de la tribu de Dan, judíos Etíopes, han también regresado a casa. Fueron perseguidos por muchos años bajo el cruel y brutal régimen de los comunistas. Muchos perdieron sus vidas en la larga trayectoria de Sudan donde fueron puestos en campos de refugiados. Muchos no pudieron seguir y fueron traídos a Israel por medio de operaciones llamadas Moisés y Salomón durante los años 1985 y 1991 respectivamente.

Se han asentado e integrado a nuestra sociedad. Somos la única nación en el mundo que ha absorbido una inmigración del corazón de África. Tuvieron ellos que dejar todo atrás. Nosotros en el AMI Centro de Jerusalem los ayudamos proveyéndoles un hogar abierto para asistirlos en su mejoramiento académico. Quieren ellos relacionarse con la historia de la Biblia en su propio lenguaje el cual es Amharic.

Tuvieron que dejar sus biblias y a muchos de ellos les quitaron sus biblias. Mi corazón fue conmovido cuando visité sus hogares y comunidades. Ellos quieren la Biblia (el Tanach). Y he tomado un paso de fe. Lo sentí en mi corazón. Estoy imprimiendo para la comunidad Etiope 20,000 biblias. Espero en Dios que tengamos los recursos financieros para poner en sus manos estas biblias. Damos gracias a los que nos ayudan para hacer esto posible. Estemos agradecidos por vivir en estos días. Amo al Señor, amo a Su pueblo y amo Su tierra, la tierra de Israel.  Concluyo esta carta con las palabras del profeta Isaías. “Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalem no he de parar, hasta que salga como resplandor Su justicia, y Su salud se encienda como una antorcha” (Isaías 62:1).

(Escrito por Shlomo Hizak. Publicado en la  Revista Internacional Maranatha, Vol 39  No. 3 –  Julio 2006. Págs. 4 y 6)

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